El eclipse mediático: del Low Festival al Sonorama 2017










El alarmante silencio informativo que sufren los festivales de música independiente está en sintonía con la miopía de la industria musical mainstream en los años de la transición digital. En los últimos años grupos como Vetusta Morla, Lori Meyers, Dorian, Miss Caffeina o Supersubmarina han ido tejiendo una red de miles de fans, ajenos al desdén de las radiofórmulas mayoritarias tipo Los 40 Principales hacia esta industria. En estos últimos tiempos las fórmulas musicales han aparcado ligeramente el Spotify diseñado por las majors americanas, pobladas del machista reggaetón. Pero aun así en festivales como el Low Festival, que disfrutamos este pasado fin de semana entre el sueño matinal y la tarde tórrida playera, vimos que el vendaval de la música alternativa ha llegado para quedarse.

Porque la Ciudad Deportiva Guillermo Amor podría empezar a quedarse pequeña, tema que en esta edición todavía no fue un problema gracias a una sobresaliente organización, con un nivel muy por encima de la irregular del San San primaveral de Benicàssim. El festival arrancó a unos metros de la playa el jueves con Miss Caffeina alegrando al personal. El viernes fue el día de Pixies, sin olvidar que Dorian pese a su sequía creativa camina sobre seguro con su gira décimo aniversario. Solo chirrió ElyElla, que hartos de tanto plagio sufrido han decidido hacer experimentos con gaseosa en vez de garantizar el jolgorio que les ha hecho imprescindibles en cualquier cumpleaños indie. El sábado tocaba sobre seguro Franz Ferdinand mientras Sidonie paladeaba felicidad sobre las tablas, algo que ya barruntamos en las todavía desconocidas y muy meritorias Estaciones Sonoras navarras.

El domingo tocaba el fiestón de Fangoria, sencillamente brutal, Mando Diao, que no está en su mejor momento, y Lori Meyers, una de cal, los hits añejos, y una de arena, los mediocres temas de su último disco, disculpados convenientemente por la prensa garbancera, groupie, oportunista y más pendiente del pase gratuito que de contar lo que ve. Por eso solo ven su "sobresaliente puesta en escena" y cierran los ojos ante "Siempre brilla el sol" y compañía, letras dignas de unos que van, no de los que ya vuelven. Parece ser que los de Lori pretenden desempolvar su fama "popera" para acercarse al prestigio de Vetusta, pero es mejor el movimiento adolescente de antaño que las ínfulas del quiero y no puedo actual.

Ahora toca veinte aniversario del Sonorama y sus mañanas "sanfermineras" de la Plaza del Trigo, promesas, txarangas y litronas, las tardeadas electrónicas de cubatas arandinos, y las noches: volveremos a vibrar con Fangoria, Sidonie y Dorian, paladearemos a Amaral, nos motivaremos con la chulería de Leiva y Loquillo, y cruzaremos los dedos para que el concierto especial sea el que ustedes imaginan.

Pero la prensa generalista se olvidará del Sonorama para promocionar hasta la saturación el casposo Starlite marbellí. Solo se acordarán El Confidencial, despellejador de Los Planetas, analista de la burbuja festivalera y denunciador de la precariedad de los camareros del FIB, Alt FM, soplo de aire fresco radiofónico que carece de un motor económico que le ayudaría al salto mortal hacia la Frecuencia Modulada, eso sí, quizás a cambio de sepultar la deliciosa independencia y criterio que nos hace disfrutar noche y día, la siempre convincente Radio 3, El País, siempre bajo criterios empresariales, y SOL Música, que sigue al pie del cañón contra viento y marea.

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