Cuestión de estado y de terror










La mafia española se ha rebelado contra el Sistema que ayudó a apuntalar. Villarejo, cual francotirador, está disparando a sus antiguos financiadores y por ahora está recibiendo toda la metralla Juan Carlos I, personaje más que amortizado en la vida pública española. Esta infecta guerra de clanes es una saludable noticia para regenerar la asfixiante vida política madrileña. Aunque el narcoulebrón quizás acabe salpicando a Felipe VI, paradigma de la honradez para el infecto papel. Su padre, sin embargo, se ha convertido en un objeto vulnerable puesto en la plaza pública al acceso de cualquier borracho que lo quiera utilizar cual punching ball. Eso sí, mientras el beodo no tenga la osadía, al menos por ahora, de poner en duda la monarquía.

Decimos por ahora porque Eduardo Inda editorializa este lunes a lo Anson. Primero toca caricia: "Tan cierto es que la razón de ser de la monarquía es la ejemplaridad como que en ese terreno Felipe VI y Letizia son incontrovertiblemente impecables. Nunca he escuchado un solo rumor que hable de negocietes, comisiones o choriceos del Rey o de la Reina. Nunca es nunca. Y no soy precisamente de los personajes peor informados de España".

Y después, amenaza: "Pero de la manera en que resuelvan este envite dependerá su pervivencia. Los tiempos de la real omertá y el trato infantil a los administrados ya pasaron. Ahora se puede engañar a todos un poco de rato, a unos pocos todo el rato, pero es imposible hacerlo con todos todo el rato". La supervivencia de Villarejo contradice su tesis. Pero de la excarcelación del millonario comisario depende sin duda la salud a corto plazo de Felipe VI, parapetado detrás de unos periódicos de papel que intentan conseguir un clima propicio que evite con manipulación lo que antes se conseguía a tiros. Ahora no hay restos de sangre. Pero sí de excrementos...

Cuestión de estado

Es triste el papel de plañideras de los Cacho o Losantos, camisas nuevas de la monarquía que gritan que estos temas dañan al Sistema cuando en realidad lo regeneran. Debieran recordar estos patriotas de pacotilla que los estados son las personas: esas a las que olvidaron cuando les desahuciaban los mismos bancos a los que rescataban con sus impuestos. El resto es paisaje. Y si lo adoran, y quieren integrarse en Greenpeace, tienen que dejar de llamar perroflautas a sus activistas.

Tormenta por la derecha

Pablo Casado, patético visitante de Alsasua y los Sanfermines, se ha subido a lomos del discurso del nacionalismo español más radical para aplastar en las primarias a Soraya, que intentará contrarrestarle con el trapicheó que lleva entrenando desde hace una década. La ex vicepresidenta cuenta con la desventaja de haberse granjeado multitud de enemigos con su política de medios de comunicación. Tampoco le ayuda haber sido el personaje más representativo de ese PP sin principios: el que en 2008 olvidó su programa electoral para abonarse al arriólico silencio contra la crisis, situación que se repitió tras la toma del poder en 2011.

El personaje idóneo

Robándole el discurso a Ciudadanos y a VOX, y por lo tanto enviando al primero a la marginalidad y el segundo a la extinción (quizás así Santiago Abascal dé palo por primera vez en su vida), Pablo Casado puede conseguir con su colección de estupideces aznaristas la unión de la derecha española bajo las siglas del PP, que se niega a dejar de robar en nombre de España. También están felices en el PSOE, ya que hasta las encuestas de Público y El Diario, que creen estar bajo el poder del pobre Pablo Iglesias, les apuntan una fuerte subida mientras Podemos se queda como una Izquierda Unida ligeramente engordada.

El retorno 

El bipartidismo puede regresar a sus fueros con los mismos personajes y liderado por dos inútiles contrastados, Sánchez el de Caja Madrid y Casado el de Aravaca. Así quizás se pueda remedar el turnismo decimonónico, despejando por lo tanto los nubarrones de Felipe VI, feliz por el posible fortalecimiento del bipartidismo corrupto que ocultó las fechorías de su padre. El resto de personajes de la vida pública deberán decidir a dónde ir: Podemos si quiere seguir en la siesta, el PNV si quiere dejar de merendarse el trozo más atractivo del pastel y el nacionalismo catalán si quiere dejarse de política-ficción para participar en la construcción de una alternativa tricolor al tapón del Sistema: Felipe VI.






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