Tormenta democrática










Pedro Sánchez ha concedido su primera entrevista como presidente a TVE. Lo ha hecho en una cita sin sobresaltos, marcada por el escaso colmillo mostrado por Ana Blanco y Sergio Martín, "poli buena y poli malo" de la Corporación Pública. El socialista ve con satisfacción la tormenta democrática que se barrunta en el Partido Popular, que tras tres décadas sin democracia intenta hacer ver que son un partido, no una mafia creada por el centro-derecha para robar con algunas excusas ideológicas que mutan por problemas demoscópicos.

Cierto es que el aparato desnivelará en segunda vuelta los avales de la militancia. Pero se presume una jugosa quincena donde todos deberán mostrar sus cartas. Dos de los primeros candidatos en anunciarse parecen llamados a ser irrelevantes por su falta de notoriedad, Bayo y García Hernández, y los otros dos son freaks en busca del minuto de gloria, Bauzá o García-Margallo, que están firmando un epílogo político patético.

Pero la noticia del día sin duda es la renuncia de Feijóo a la candidatura. El presidente gallego parecía el más sólido en las filas populares a base de mayorías gallegas en tiempos de ruptura del bipartidismo, pero dice que ahora renuncia por "coherencia", excusa con la que intenta tapar el miedo que le dan los dossieres sorayescos por su cercanía con el narco Marcial Dorado. Soraya, con nulo apoyo interno y con una imagen nefasta de cara al exterior, consigue derribar a sus rivales sin presentarse tras ser la privilegiada intermediaria entre las cloacas del CNI y las cloacas del periodismo en tiempos de hambre y guerra.

El trabuco que guardaba en el bolsillo trasero Soraya ha derribado a Feijóo, que mantiene su cabaña gallega y que no se ha atrevido ni a asomarse, tal y como ha anunciado en su renuncia folclórica cual padrino en una boda de cuarta. Este hecho es síntoma de una guerra de corruptos que actúan bajo el mandato del líder, cupulocracia antidemocrática donde también intenta hacer fortuna Pablo Casado, el niño anaranjado y mimado del aznarismo y del aguirrismo que ahora quiere cobrarse tanto peloteo interno al aparato. Su problema es que el máster le hace terriblemente vulnerable y se encuentra a merced de la justicia.

Esta situación la intentará aprovechar Soraya, heredera legítima de una derecha desideologizada y bailonga al son que marca Pedro Arriola, el Rasputín que llamaba "frikis" a los de Podemos cinco minutos antes de colocarlos en posición de victoria moral en el CIS y el marido de esa verdulera, conocedora del secreto, que carga en contra de los medios como si estuviese en un mercadillo. La única rival temible para Soraya parece Cospedal, pero sabe que el atrevimiento podría costarle la siniestra jubilación dorada de su marido, carne de presidio en cualquier país democrático.






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