La factura del miedo










En los últimos días hemos visto la brillante declaración judicial de Hasel, las protestas de medios reaccionarios por un delicioso sketch de 'Polònia' sobre la Casa Real y una silenciada denuncia de Patxi Zamora tras haber perdido su puesto de trabajo con la Guardia Civil de por medio. Estos tres asuntos evidencian que las élites pretenden vengar el miedo que sufrieron por una indignación popular que a punto estuvo de acabar con un status quo se sin embargo se ha mantenido imperturbable.

Son malos tiempos para la prensa gracias a liberticidas como Trump, Putin, Erdogan o Al Sisi, pero en España tampoco estamos para tirar cohetes. En 2007 la crisis comenzó a desmontar el Estado del Bienestar y la reacción popular no se evidenció hasta cuatro años después con el 15-M, que supuso el prólogo al desgaste del bipartidismo y el relevo en la jefatura del Estado motivado por trapicheos de dossieres revanchistas que sirvieron de aliento a la regeneración. Podemos metió a partir de 2014 el miedo a las élites, que activaron un GAL mediático y decapitaron cabezas de directores de periódico como venganza a su confortable angustia.

Ahora sin embargo es la hora de cobrarse la factura del miedo que pasaron. Y es por ello que se ha impuesto el mismo silencio mediático sobre Felipe VI que el que disfrutó su padre. Por eso actúa la Fiscalía contra tuiteros. Por eso Moncloa anuncia regulaciones contra las fake news, que en realidad son contra la verdad. Por eso el Sistema busca que España pese a la mayoría progresista en el Congreso se convierta en los Estados Unidos: Demócratas (ejem, PP) contra Republicanos (ejem, Ciudadanos). Por eso hasta el mismísmo José María García se desdice y acobarda. Por eso todos salen en defensa de Cristina Cifuentes respecto a Granados, que no tiene publicidad institucional que repartir.

Y por eso existe una realidad silenciada: no existen las dos Españas de hace 80 años ya que la izquierda ha evolucionado en unas reivindicaciones que hubiesen asustado a los republicanos del 36 (LGTBI, animalismo o ecologismo) mientras la derecha sigue ofertando hoy en día el mismo discurso patriotero de Franco: bandera e himno, es decir nación y sentimientos, escasa mercancía con la que algunos intentan rellenar el vacío de las carteras saqueadas.








Prensa contra la libertad demócrata

Lenin sostenía que la democracia no es plena si la prensa está en manos de unos pocos. En referencia a la libertad e independencia periodística, el periodista argentino Carlos Ares, exiliado en España a finales de los 70 por la dictadura de Videla y ex corresponsal de El País, explicaba en la revista Perfil que "sin periodistas y sin medios independientes que los respalden no hay Estado de derecho ni democracia plena. El periodismo trata de hacer visible todo lo que los poderes quieren ocultar, da voz a quienes no la tienen en la necesaria conversación social, promueve acciones, eventos, artistas, orienta, informa. Cabe entonces pensar lo siguiente: si el Estado sostiene el Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales, el Instituto Nacional de Teatro, el Fondo Nacional de las Artes, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares y otros organismos similares, concede créditos, ofrece becas, préstamos y subsidia salas y autores, ¿por qué no pensar en un instituto nacional de periodismo que sustraiga del control de los gobiernos de turno a los medios públicos –TV, radio, agencia de noticias– y apoye a los periodistas y grupos de trabajo cooperativo que quieren desarrollar proyectos de investigación?".






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