Las malas compañías de Aznar










Nos hemos habituado a que el masaje sea el único recurso que se utilice en el género de la entrevista audiovisual. Hay diversos tipos de masajes en el panorama español: está el reputado Carlos Herrera evitando preguntar por la corrupción a Mariano Rajoy en Moncla, el baboso de Pablo Motos babeando ante los escotes de ex componentes de Física o química o el de Bertín Osborne, que comprobó que su peloteo a Aznar tuvo una consecuencia directa: Mi casa es la tuya cosechó su mínimo histórico de audiencia ante un señor soberbio que consigue que empatizar con él sea un hecho imposible.

Pero ayer Cristina Pardo, pupila de Ferreras y Évole, estrenó en La Sexta Malas compañías. El programa de Producciones del Barrio arrancó brillante: preguntas directas, ritmo adecuado, presentadora cumpliendo en el estreno y una catarata de testimonios que denuncian sus malas compañías dentro del PP, ayer Aznar y hoy Rajoy, que pese a haber liderado una organización corrupta morirán sin pisar la cárcel, no como los chistosos tuiteros o los titiriteros irónicos.

Malas compañías recordó en tramos a Salvados, en otros a B, la película (brillantes recreaciones de las conversaciones entre dirigentes populares en la Comunidad Valenciana y empresarios corruptos). Pero demostró que la catarata de crisis y corrupción tenía una mirada insólita: la de los protagonistas anónimos que fueron cómplices de las fechorías de los políticos más famosos de nuestro país.

La Comunidad Valenciana es un filón, de hecho habrá otro especial sobre esta Comunidad Autónoma. Pero pronto podrían llegar otras que analicen lo que ha pasado en las Baleares, Madrid, Andalucía, la Región de Murcia o Catalunya.


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