Psicoanálisis a Josep Pedrerol








La carrera de Josep Pedrerol está llena de luces y sombras, al igual que la de todos los periodistas que alcanzan eso que llaman éxito. Aquel catalán que quiso dejar de ser un peón en el Plus, cansado después de tantos años ejerciendo las destempladas entrevistas de palco y de actuar de busto parlante en El día después, quiso volar y voló.

Y comenzó estrellándose en Punto Radio, entre la precariedad y las marcianadas de Javier Fernández Arribas. Fue entonces cuando quiso buscar una salida de escape y encontró un hueco en la TVE post-Arús tras las presiones sindicales y "florentinistas". Su entrada triunfal la hizo prometiendo televisión de calidad, esa que hizo con desidia antes de plagiar El Rondo que tanto decía detestar.

Pero con Club de fútbol volvió a fracasar y olió año sabático en Miami hasta que le llamó la incipiente Intereconomía de Ariza, empresario que supo suplir la falta de medios con imaginación: competir con las millonarias series españolas y los taquillazos hollywoodenses con la fórmula de la radio en los últimos treinta años; tertulia política a las diez de la noche y deporte a la hora de García, la medianoche.

La historia ya la conocen: la fórmula fue un éxito, entre la placidez del público conservador y jubilado de El Gato al agua y la chavalería viral de Punto Pelota. A esta tertulia deportiva se le pueden reprochar muchas cosas, pero no se puede esquivar que tuvo muchos méritos: mostró las costuras de la televisión antes de Sálvame, enseñó verdad con broncas en directo, señaló el camino de la pasión para el duopolio futbolístico, evitó las zancadillas de Roures, las OPAS de Mediaset y los vetos de Prisa con buena cara y acabó dando un portazo cansado de los impagos del grupo del toro.

A partir de ahí los despachos se abrirían para él y él volvía a jugar con 13 TV como dos años antes lo había hecho con Vasile, vengándose los curas y los italianos con dos descafeinados plagios de la factoría Roures que sucumbirían ante la encantadora atmósfera que había logrado aquel Pedrerol, que acabó eligiendo Atresmedia, ¿por Florentino vía Ferreras? Quién sabe...

Sea como fuere, Pedrerol repitió éxito desembarcando en el grupo donde Roures tenía orden y mando con El Chiringuito, nombre que surgió de un victimista cabreo en directo del presentador contra....Roures.

Le reprocha Siro López, entre el rencor y la decadencia, que aquel formato espontáneo acabó en Punto Pelota y quizás no le falta razón. Manolo Lama por su parte decía que a Pedrerol le costaba ganarse la credibilidad por las diversas formas de trato hacía Real Madrid y Barça: la hemeroteca tuitera y videoteca lo retrata y demuestra su incoherencia, en especial con las sanciones de la FIFA a ambos clubes.

Es evidente que Pedrerol desconoce el fútbol por completo, ahí compite en conocimientos con Florentino, pero tiene un ojo para el talento que necesita: hoy su mirada está dirigida hacia Cristóbal Soria, que ha conseguido robarle el foco a Tomás Roncero a la hora de los post-partidos merengues. Porque el ex delegado del Sevilla actúa como nadie modulando su papel: provoca entre semana al madridismo, recibe palos con cara de killer en los triunfos merengues y sirve un consciente perfil bajo en las debacles blancas. Y como muestra un botón: el pasado domingo buscó un segundo plano para no enfadar al merengue cabreado tras la derrota en el Sánchez-Pizjuán.

Pero Pedrerol juega por supervivencia a lamerle las heridas al madridismo: si tras este palo liguero se centró en El Chiringuito y Jugones en centrarse en los insultos del público hispalense a Ramos, ayer intentó calmar la debacle copera con un supuesto penalti a CR7, y con un surtido variado de calmantes: del speech pro-Benzemá de su tertuliano más creíble, Álvaro Benito, a los gritos en busca de la remontada de la puerta 51 del Bernabéu ante el forofo Nacho Peña pasando por Roncero sacando pecho, por Hermel suavizando las críticas a Zidane y por Manu Sainz lavándole la cara a CR7, sabedor de que sus millonarios contratos en Marca y AS los consiguió por ejercer de jefe de prensa en la sombra del astro portugués, nunca por su talento.

Pero ahí sigue Pedrerol con una fórmula repleta de luces y sombras, cabalgado contra la competencia, consiguiendo marcar la agenda deportiva, consiguiendo ser el alma de un programa de éxito con una personalidad llena de ironía para esconder la mala baba, sobreviviendo en una franja, la medianoche, en la que nada parecía rentable, y demostrando que su talento profesional y su mirada comercial no está en duda pese a su maniqueísmo.

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