La muerte del papel; los cuatro periódicos madrileños en manos de las cloacas del Estado







La investigación periodística desapareció como tal en entre finales de los ochenta y principios de los noventa. Es por ello que viejos sabuesos como Juan Luis Galiacho o José Díaz Herrera se tuvieron que reciclar desde las revistas, rematadas por los suplementos del papel, a los libros, cada vez menos rentables. Desde entonces los periódicos, de claro tono bipartidista, jugaban desde las trincheras en atizar cuando podían al partido adversario a su línea editorial y sobre todo a sus intereses. Poco a poco la investigación fue muriendo, a excepción de El Mundo de Pedro J. Ramírez, al que las condecoraciones del GAL se le cayeron con todo lo relacionado sobre el 11-M, del que tuvo que renunciar para morir cual francotirador de la mano de Inda y Urreiztieta, que destaparon los escándalos de Urdangarín, hundiendo así la imagen de Casa Real-no hubiera habido abdicación sin el "yernísimo" y sin Corinna-, de Bárcenas, rematando la credibilidad de Rajoy y en especial el PP, de los ERE, que volvieron a sembrar de dudas al socialismo español, y de Jordi Pujol, que fue advertido por la opinión pública como un dardo mortal de las cloacas de Interior al proceso soberanista catalán, hecho que primero le costó la mayoría absoluta a Mas y posteriormente ha enfangado y frenado el proyecto secesionista, actualmente en stand by.

Tras la decapitación de Ramírez hace más de un año, todas las investigaciones del papel son observadas como dardos desde Interior hacia los objetivos políticos de Moncloa. Sucedió con la investigación de El Mundo sobre las cuentas suizas de Xavier Trías, que acabaron con un sonoro desmentido. Ahora este patinazo lo ha utilizado David Gistau, ex columnista estrella del periódico, desde ABC: "También ha habido patinazos y difamaciones en lo que concierne a algunos de los políticos nacionalistas cuya reputación se ordenó destruir. Véanse las cuentas suizas del alcalde de Barcelona, de las que nada más se supo. Este caso es paradigmático. El periódico que lideró la información, «El Mundo», hizo las menciones litúrgicas a la verdad y el compromiso periodístico, las habituales. Agregó la referencia a la UDEF, pues la palabra UDEF se ha convertido en un salvoconducto que redime las informaciones endebles. Oiga, esto sale de la UDEF, Elvis vive. Cuando se desmoronó el «scoop», el director del periódico terminó de aliviarse identificando la fuente, que era el Ministerio del Interior según él mismo dijo en un editorial y en un programa televisivo, lo cual fue útil como prueba de las profundidades morales a las que el Estado había descendido para hacer política por otros medios".

Otras investigaciones de la prensa madrileña también han sido advertidas más como filtraciones interesadas de las cloacas que como una investigación periodística al uso. Ha sido el caso de la exclusiva de El Mundo sobre el ático de Ignacio González, tan solo unos días antes de la decisión de Génova de servir su cabeza en bandeja de plata, en apariencia más con la intención de controlar el aparato madrileño que por limpiar de corrupción al partido. Esta situación ha aprovechado que articulistas del diario como Jiménez Losantos hayan criticado en público este dossier. Algo similar sucedió semanas atrás con el que iba a rivalizar con González, Tomás Gómez, cuyo famoso tranvía le pasó por encima a su carrera política con El País como aliado, que remató el gazpacho con una encuesta perpetrada en menos de veinticuatro horas. También el diario de Prisa ha tirado por los suelos la carrera del comisario José Villarejo, dicen algunos que en una especie de guerra subterránea entre Cospedal y Soraya para devolverse lo de González. Está claro que el decadente papel está en una de sus etapas más serviles sobre el Gobierno, que hoy en día no tiene periódicos críticos, algo inaudito en una democracia plena. Ahí tiene mucho que ver la debilidad financiera de los editores, pendientes de prebendas y licencias gubernamentales. Los periódicos no son hoy en día un gran negocio, pero tampoco han ayudado a los gigantes del multimedia la diversificación de sus inversiones cuando ni sabían hacer ni radio ni televisión.

Tal y como revela un informe de Mongolia, entre 2007 y 2013 la cifra neta de negocio de El Mundo cayó ni más ni menos que un 62%, la de El País un 57% y la de ABC un 38%,  cifras inasumibles para cualquier sector empresarial. Aun así hay que reconocer que el servilismo tiene premio, y es que el primer año de El Mundo con Casimiro ha cosechado unas pérdidas operativas de tan solo medio millón de euros, es decir, diez millones y medio menos de lo que perdió Pedrojota en 2013. ¿Una de las claves? La facturación publicitaria subió un 6,6%, algo insólito en un periódico que ha perdido ventas y lectores.





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