La gran mentira de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?; ninguna pareja queda todavía "viva"







¿Quién quiere casarse con mi hijo? se despidió anoche como lo más visto del prime-time con 2,4 millones de espectadores y un estupendo 14,5% de share. Mediaset debe andar contenta, ya que el reality ha cosechado en su cuarta edición la mejor media hasta la fecha; 12,6% de share, mejorando en 2,3 puntos los datos de la anterior edición.

La clave sin duda del programa es el sobresaliente montaje, que da chispa, ritmo y humor al programa. El único "pero" del programa es la poca verdad que transmite, ya que entre actores, guiones, situaciones previstas y homosexuales buscando novia, la gente no cree en el programa. Pero la gracia de la evolución del reality es que los fans pueden seguir semana a los "tróspidos" sin creerlos, y ni falta que hace. De los cinco hijos que buscaban novia, ninguno de los cinco mantiene todavía pareja: Rafa se marchó solo; Markus, acusado de homosexual desde el día 1, corto rápidamente con Rocío; Sandro, que parecía el más entregado al amor, tampoco está con Vicente, al que perdonó una infidelidad; Diego, que eligió a Bea, tampoco está con ella, y es que Bea vive su amor con la bisexual Yasmina, otra de las pretendientas del extremeño más divertido; mientras que David está compuesto y con su madre, ya que tampoco mantiene la relación con Ana, aunque dice Vertele que son los que más meses han durado.

Así acabó ¿Quién quiere casarse con mi hijo?:




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