La muerte del PSC



Tras la dimisión de Pere Navarro y la renuncia de Nùria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma, el aparato del PSC se ha apresurado a impulsar la candidatura de Miquel Iceta, siniestro muñidor y miembro de la dirección desde hace tres décadas.

El partido está pagando la traición de las élites burguesas y más cercanas al nacionalismo, encadenando varios resultados históricos negativos. Sus bases se dividen; las charnegas o hijas de charnegas, se pasan a Ciutadans, y los nuevos nacionalistas progresistas se alían con ERC.
La dirección del PSC está entre dos aguas; la defensa de la España unida, impuesta por el PSOE, y la defensa del referéndum, que es lo que apetece en la cúpula.

Y el PSOE mirando para otro lado, ya que sus propias guerras eclipsan la práctica desaparición del PSC. Este experimento de unificación del socialismo catalán-dos partidos socialistas catalanes más la federación socialista del PSOE- ha funcionado a las mil maravillas en las últimas cuatro décadas en términos electorales; el PSOE ganaba en las generales-por el odio del catalanismo en general hacia la derecha española-, el PSC era segundo en las autonómicas-hasta que la jubilación de Pujol produjo dos ruinosos tripartitos- y el PSC gobernaba la mayoría de grandes ciudades catalanas-Barcelona y su cinturón rojo-.

Ahora todo esto está caduco, ya que el mensaje federal no ha calado en Catalunya, quizás por la debilidad del PSOE postZP, cuya credibilidad quedó muy mermada tras la crisis económica. La indefinición posterior no ha ayudado a mejorar la cercana muerte del partido. Y es que el PSC debería haber desaparecido; las élites habrían tenido que partir hacia ICV y ERC y las bases hacia Ciutadans, o una federación del PSOE, si Rubalcaba hubiese tenido arrojo para fundarla.











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