Manuel Campo Vidal, Ulibarri y otros chicos del montón










Se le agrió el verano y la reputación a Manolo Campo Vidal, señalado como comisionista tras desvelarse una conversación telefónica relacionada con la Operación Enredadera que le sitúa como captador de 100.000 euros por unos trabajos que ni siquiera recordaba. El periodista oscense le hace varias preguntas que le dejan a los pies de los caballos a la mano derecha del encarcelado José Luis Ulibarri: "Entonces....y, bueno, bien, se pagaron, muy bien, se hizo un contrato incluso, está documentado, tú lo tienes y faltan los contratos y ya me los darás, yo no me acuerdo por qué era esto ¿tú te acuerdas por qué era esto?".

Hacienda estaba tras sus pasos y Campo no sabía dónde meterse: "Está jodiéndome enormemente... Porque además, es verdad que esto no sé de qué procede, porque es verdad que lo hicimos, están las facturas, que hay un contrato, cosa que bueno está muy bien que haya un contrato, pero claro yo tengo difícil demostrar que ha intervenido la empresa sino que he intervenido yo".

Del felipismo a Ulibarri

La relación entre Campo Vidal y Ulibarri comienza a mediados de los noventa, cuando ambos ponen en marcha una empresa relacionada con la televisión por cable que acabaría siendo accionista de la Televisión de Castilla y León, controlada por el constructor junto al siniestro Míchel Méndez Pozo. ¿Cómo ha acabado en estos lodos el periodista?

Manuel Campo Vidal se convirtió en sociólogo de cabecera de la izquierda en la Barcelona de los setenta y en los ochenta en un periodista afín al felipisimo, primero como cara amable de los 'Telediarios' de TVE y más adelante como voz de 'Hora 25' tras la toma de la Cadena SER por parte de Polanco. Su tercera pirueta lo llevó a convertirse en hombre fuerte de la Antena 3 de Asensio, donde saldría escaldado tras la OPA de Moncloa con dinero de Telefónica.

En las últimas dos décadas Manolo se ha dejado ver en cargos amables, siempre cercano al poder político y sobre todo económico. En los últimos doce años ha presidido la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España, organismo zombie del que solo se ocupaba para moderar esos debates electorales que le proporcionaban ese prestigio que él convertía en facturación al por mayor.

Entre medias ejerció de influencer de comunicación, de gurú del emprendimiento, de intermediario en guerras políticas (tal y como reconocieron en el 'Chester' Santi Vila y la mujer del periodista, María Rey), y de comisionista para Ulibarri, principal editor mediático de la despoblada Castilla y León, erial donde construye y absorbe contratos de servicios gracias a tener a los principales alcaldes a su disposición.

¿La clave? Una red de periódicos, aliados de El Mundo desde tiempos de Pedro J., una red de radios, socias de Losantos desde la desintegración de Punto Radio, y una televisión autonómica supuestamente privada que se ha regado en los últimos ocho años con más de 170 millones de euros públicos para alegría también de su ex enemigo y hoy socio Míchel Méndez Pozo, obrador del milagro de abrir cinco periódicos en plena sangría del papel. Ulibarri también cuenta con tentáculos en Madrid, Esdiario, y los perdió en la Comunidad Valencia tras la quiebra de una red de televisiones que le había puesto a su disposición Camps, al que intentó restaurar sin suerte Arcadi Espada.









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