Pablo Casado le devuelve los apoyos a Inda y Losantos










Ganó con merecimiento Pablo Casado, el que más ha trabajado en las primarias populares, el único que hizo campaña, el que pidió con más ahínco un debate y el que exhibió con más vehemencia una suerte de principios (neoliberalismo aguirrista, xenofobia lepenista y antiabortismo gallardonista).

Este oportunista de manual ha ganado a lomos del discurso de la extrema derecha, situación con la que podría asfixiar electoralmente a Ciudadanos y VOX. Apelaba el palentino a "la España que madruga", populismo, y a "la España de los balcones", nacionalismo. Este nacionalpopulismo rancio supone el triunfo de Aznar sobre Rajoy, cuya tecnócrata heredera, Soraya, tenemos la suerte de perder de vista junto a María Pico, tándem siniestro repleto de armarios negros repletos de dossieres.

Estas colocadoras de tertulianos fabricaron el miedo y posibilitaron la mayor asfixia mediática a media España, situación digna de los tiempos de Franco. Casado por su parte cuenta con unos aliados mediáticos que dan miedo: OK Diario, periódico al que concedió este domingo su primera entrevista tras ganar (Inda ya lo compara con Kennedy), y esRadio, emisora en la que repitió visita en campaña para alegría de Losantos, que este lunes lo vuelve a entrevistar.

El turolense pretende mandar sin presentarse a las elecciones, tutelando al PP, Ciudadanos, UPyD, VOX y al que se deje. Los fuerza a todos a virar a la extrema derecha si no quieren ser insultados desde su púlpito matinal. Tendrá que aceptar las reglas Casado, que ha suplido con este tándem, Inda-Losantos, su falta de apoyos en el papel: La Razón dice que el PP ha acertado con Casado pese a que es vox pópuli que no era su candidato, ABC no le apoyó como hubiese deseado, El Mundo publicó una apestosa encuesta en su contra y El País no deja de protestar tras la involución popular.

Casado, simpático vendedor de enciclopedias de la escuela de Adolfo Suárez, no ganó entre los militantes y solo lo ha hecho entre los compromisarios por el odio que despertaba su rival, que se podría consolar con Madrid como premio a no haber disparado el gatillo del máster contra el nuevo emperador, que también se vio beneficiado por una renuncia de un temeroso Feijóo.

Y así llegamos al triunfo del charlatán de Aravaca, que seguirá paseando por los antros más casposos su inconsistente locuacidad tras tirar por el ventanal a Pedro Arriola, jubilado desde el sábado tras tres décadas de poderío demoscópico.






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