La Vanguardia echa a Gregorio Morán tras censurarlo










La Vanguardia envió ayer un burofax a Gregorio Morán un mes después de censurar un artículo en el que denunciaba la situación del panorama mediático de Catalunya. Tras 29 años de relación profesional, el diario de Godó prescinde de una de sus firmas con más solera, eterno disidente, voz crítica y mirada lúcida que aportaba una visión alternativa a la línea editorial del periódico centenario.

Con esta salida Morán se queda sin su colaboración regular en los medios, apenas un mes después de conocerse el cierre del digital BEZ.

Los siete palos del Sistema a Gregorio Morán

La censura y despido de Gregorio Morán ha evidenciado que la denuncia del reparto garbancero de dinero público por parte de la Generalitat sigue siendo tabú en Catalunya. Pero este no es el primer dardo que sufre Morán en su carrera. Un intelectual de su talla estaba condenado a ser el columnista estrella de El País. Pero su independencia crítica y su incapacidad para digerir los discursos oficiales le ha llevado a refugiarse a brazos del Conde de Godó y Planeta durante demasiado tiempo. Morán tiene muchos palos a sus espaldas. Demasiados. De hecho en plena Transición fue detenido en la redacción de Diario 16 por osar a escribir sobre el controvertido Comisario Conesa. ¿La orden? El más adelante célebre Milans del Bosch. Y tras el impasse democrático llegó la biografía de Suárez "el ambicioso". Y claro, las redacciones de los grandes diarios se cerraban para él. Era el peaje que tenía que abonar por su libertad. Y lo pagó con creces. Porque podría haber sacado galones de exilio y años duros en Mundo obrero para acercarse al PCE, pero prefirió desmontar el mito de Carrillo en 'Miseria y grandeza del Partido Comunista'.

También podría haberse apesebrado en las cercanías del PNV, partido que repartía por lo bajini su obra 'Los españoles que dejaron de serlo'. De hecho Arzallús forzó su fichaje como director de La Gaceta del Norte, pero Morán no tragó con las miserias internas del diario vasco y acabó despedido. A inicios de los noventa sufrió como Planeta le guillotinaba una docena de páginas sobre Juan Carlos I en 'El precio de la Transición'. Pero por eso no se achantó de hacer esos juicios sumarísimos a través de sus obras, que últimamente ha editado, ¡cómo no!, Akal. También se jugó su último refugio, llevando su independencia al límite, al publicar en 2013 'La decadencia de Catalunya contada por un charnego', que a la larga le conllevaría los bufidos de Pilar Rahola. Es por ello que Morán no tiene premios ni apenas amigos en el gremio. Porque primero se salió del rebaño para ajustar cuentas con sus antecesores, 'El maestro en el erial', y más tarde con sus coetáneos, 'El cura y los mandarines', de nuevo con intento de guillotina de los Lara. Pero Morán sigue siendo único en elcampo intelectual español: siempre ovejil, hipócrita y repleto de oportunistas.


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