Juanma Castaño y Manu Carreño como síntomas de la creciente irrelevancia de la radio deportiva








Expectación nocturna con el doble estreno ayer de Manu Carreño y Juanma Castaño al frente de las medianoches deportivas de SER y COPE. La elección de ambas caras catódicas "manolas" es el síntoma de que a José Ramón de la Morena nadie le hará sombra por el momento.

Y es que el de Bruente, antes de estrenarse, ha conseguido cambiar tras cuatro décadas el comienzo de las noches deportivas: a partir de ahora todos comenzarán a las 23;30 horas. En la SER, que no dan ni una desde que decidiesen prejubilar a Iñaki Gabilondo hace once años (antes de relevarlo sucesivamente por dos insípidos bustos rebotados de la caja tonta, Carles Francino y Pepa Bueno), han escogido a Manu Carreño, que ha admitido que la radio líder española estuvo expectante de su decisión "más de tres semanas". Este hecho evidencia que algo va mal en la SER, que para sustituir al padre de El Larguero ha fichado a Manu Carreño, cara amable que no rechina en ninguna de sus facetas (ni como presentador televisivo, ni como narrador, ni como conductor radiofónico), pero que en sus dos anteriores grandes retos radiofónicos, Al primer toque y Carrusel deportivo, demostró que no aportará nada a la radio española ni aunque lo escuden con mil fichajes.

Por cierto, la SER, ha confirmado por el momento el fichaje de cinco nuevos colaboradores: un ex de COPE, Rafa Alkorta, dos ex de Onda Cero, Filippo Ricci y Sid Lowe (a los que se podría sumar Santiago Segurola para confeccionar una tertulia de nivel), y y los polémicos Pablo Alfaro e Iturralde González. Manu Carreño, tras estrenar una sintonía electrónica que no dice nada, se acordó con agradecimiento de Mediaset ("por ponerlo tan fácil"), y de los fallecidos directivos Alejandro Nieto y Elena Sánchez, que confiaron en él para ponerlo en Carrusel deportivo y Deportes Cuatro. El vallisoletano también recordó a De la Morena, "que ya es pasado", y se estrenó con entrevistas a Rafa Nadal, Pau Gasol y Marc Márquez, síntoma también de que la radio se niega a sumarse a la enferma dinámica televisiva del "madridcelonismo" para cubrir contenidos.

En COPE por su parte siguen arrastrando el problema: Paco González y Manolo Lama, seguramente el mejor conductor de "carruseles" y el mejor narrador de las tres últimas décadas, no son capaces de encontrarle relevo a su querido y odiado Joserra. Lo intentaron hace seis años, tras echar a empujones a Abellán, con Alcalá, al que no le dejaron hacer un espacio de autor y acabó asfixiado entre exclusivas fallidas y un formato que parecía más una continuación de la etílica primera hora del Tiempo de juego que el íntimo espacio que diseñó el actual colaborador de Herrera en COPE en las noches en las que faltaba su ex jefe, De la Morena. Luego Joseba Larrañaga, bien gracias, cogió el relevo. Y ahora Juanma Castaño, que tendrá que adelgazar de ego si quiere dejar sitio en el estudio a toda la nómina de colaboradores de presentó, parece más una estéril intentona de acercarse a De la Morena con una cara televisiva que un ejercicio meditado de poner en pie un formato que suene diferenciado.

Castaño, que según señaló ayer huye de polémicas (tras haber ejercido de pirómano en tertulias y en Twitter en sus años descamisados), quiso destacar el comportamiento de Joseba Larrañaga a la par de desmentía que vaya a hacer una versión televisiva de "Los Manolos", "con cincuenta minutos de Cristiano y otros cincuenta de Messi". Ayer no hizo eso, pero el asturiano, consciente de quien le paga la nómina, le regaló a Mariano Rajoy la oportunidad de felicitar en antena a nuestros campeones olímpicos. Juanma, que hace años llamaba "casposo" y "pedante" a uno de los propagandistas oficiosos del actual Presidente del Gobierno en funciones, su hoy compañero de escudería Antonio Jiménez, empieza bien con la propiedad de la cadena. Ya saben: quien paga, manda. Y si no que se lo digan a Paco González, que ha pasado de pedir sibilinamente el voto para los socialistas el 13-M a reírle las gracias al corrupto gañán que tenemos instalado en Moncloa.







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