José María García se retrata desvelando las miserias de Gaspar Rosety








En el exitoso Buenas noches y saludos cordiales de Vicente Ferrer Molina nos enteramos de que José María García había sido capaz de reconciliarse con José Ramón de la Morena pero no pudo o no supo hacer las paces con su narrador favorito, Gaspar Rosety, el único de su círculo radiofónico que se negó a hablar sobre él. El periodista, fallecido este domingo tras una caída que le dejó en coma durante tres días, rompió con García tras quince años en el 97 para emprender una aventura en solitario como jefe de deportes de Radio Voz. Pero los azares del destino hicieron que esta emisora cerrase, zambulliéndose entonces en la Onda Cero que tutelaba un García que le obligó a estar siete meses cobrando sin tener la oportunidad de sentarse delante de un micrófono. 

Gaspar nunca se lo perdonó, por lo cual siguió su carrera en solitario en la radio, SomosRadio, COPE y una Onda Cero donde ya no estaba su amigo, en medios como Marca o La Voz de Galicia o como asesor de comunicación en el Real Madrid de Ramón Calderón o en la FEF de Ángel María Villar. Tuvo la oportunidad de volver a la primera plana mediática en 2006, cuando la Sexta le llamó junto a Andrés Montes para cubrir el Mundial 2006 que haría famoso a su compañero, con el que compartía rencores con García y problemas coronarios. Pero Gaspar se negó y García, que se cree buena persona, lo ha "homenajeado" desde ABC desvelando las causas de su muerte e incidiendo en sus problemas con el peso. 

José María García en ABC; 

Gaspar se incorporó a mi equipo siendo muy joven. Era asturiano y decía que se hizo periodista por culpa mía, escuchándome en la radio. Era un homenaje hacía mí, pero yo afirmo que Gaspar llevaba el periodismo en la sangre. Era narrador de partidos porque se convirtió en un especialista en esta faceta, pero sobre todo era periodista.

Vino a trabajar conmigo en 1982, cuando comenzamos la andadura en Antena3 Radio. Y pronto demostró que era un gran narrador. Empezó con prácticas en los partidos de Segunda, pero destacó inmediatamente y pasó a ser narrador de Primera (nunca mejor dicho).

Se hizo muy conocido como narrador de los grandes partidos en A3Radio. Estuvo conmigo durante toda esta etapa. Cuando A3Radio se acabó, tomamos caminos diferentes. Él tenía la libertad de elegir.

Si profesionalmente era excelente, todavía era mejor persona. En España es habitual excederse en elogios cuando una persona muere, en vez de expresar esas alabanzas en vida del alabado. Digo con objetividad que era muy buen tipo. Era, como yo los defino, un asturiano del norte. Y ustedes me dirán: «Pero eso es una redundancia». No, quienes me conocen saben que yo defino a dos estilos de asturianos, los gallegos y los del norte. Como saben mis amigos, esto no tiene ni un atisbo de menosprecio a los gallegos, pero siempre afirmo que te encuentras con un gallego en una escalera y no sabes si baja o sube. Gaspar era de los del norte porque siempre fue muy claro.

Con el paso del tiempo comenzó a soportar distintas vicisitudes. Muy joven se le detectaron problemas de corazón. Cuando trabajaba conmigo era disciplinado en sus cuidados, pero paulatinamente perdió esa disciplina y engordó demasiado. Dejó de hacer el poco deporte que hacía. Soy claro: el único deporte que Gaspar practicaba era el «sillón ball».

Sufrió problemas de salud en diferentes ocasiones narrando partidos de fútbol. Una de ellas sucedió en el estadio Bernabéu. El doctor Miguel Ángel Herrador (exjefe de los servicios médicos del Real Madrid) le salvó la vida en el estadio. Tuvo otro episodio grave en Huelva. Estaba al borde del precipicio. Tenía que cuidarse y no lo hacía.

«¡Es que quitarse el placer de comer...!», me contestó hace una semana, en la sede de la Federación Española, cuando le volví a regañar porque no se cuidaba nada. Le dije: «Tú sabrás lo que haces, pero estás muy gordo y no puedes seguir así».

El viernes comió con Danny Daniel y a la salida del restaurante tropezó con un bolardo disuasorio para que los coches no se suban a la acera y Gaspar cayó con tal mala fortuna que sufrió un traumatismo cerebral y una parada cardiorespiratoria. Quedó en un coma profundo. Era irreversible. Adela, su mujer, le ha mimado durante un cuarto de siglo. Ha sido su compañera y su auxilio. May Jiménez de Parga, su anterior esposa, también le cuidó muy bien. Se ha ido un gran tipo.

Manuel Jabois en El País; 

Gaspar Rosety ha muerto joven, como nuestra niñez. Fue un hombre de talla descomunal al que se le partió el corazón varias veces. Un narrador excesivo, emocional y torturado.

Durante años fue la voz más reconocible de mi vida. La llegué a dejar de oír para empezar a sentirla porque era la voz que me traía los goles del Madrid. De ese modo, en pleno carrusel de García, o después de la publicidad, se abría la comunicación con un estadio y solo se escuchaba el rugido del público antes de que el locutor cantase gol. Tras años de entrenamiento yo aprendí a distinguir por encima de otros el ruido de mi campo gracias al silencio de Rosety: sentía llegar su voz como pisadas de animal grande. Antes de hablar, mandaba al Bernabéu a hacerlo por él.

Su narración era siempre in crescendo, canónica, con ese punto de apocalipsis de quien está tejiendo las redes de la portería con sus cuerdas vocales. Llegaba a la portería antes que el delantero y a veces se ponía a rematar él mismo. Toda aquella intensidad lo convertía en un devorador de emociones, un caprichoso insaciable, un comunicador privilegiado. Su voz se iba castigando de tal manera que era posible saber por qué minuto iba el partido con sólo escucharle narrar un pase. La modulaba según el resultado, según la remontada, según las prisas del portero, según las expulsiones; en cuanto abría la boca lo sabías todo. Aún guardo en cintas TDK los goles de Santillana, de Hugo, los de Salinas en Irlanda, el de Hierro en Sevilla contra Dinamarca, cuando aún me gustaba la selección. Congelados como Walt Disney para hacerlos regresar en los tiempos de youtube.

Ninguna cadena se atrevió a ponerlo delante del micrófono en la final de Sudáfrica e hizo bien: Rosety sufría del corazón, era su músculo roto, y nosotros hubiéramos sufrido aún más.

Un día, frustrado por una eliminación europea, escribí dos cartas: una a García y otra a Rosety. A la semana siguiente llegó la respuesta: dos fotos firmadas por ellos como si fuesen las Spice Girls. A García lo conocí hace dos semanas; tiene sobre él un libro en circulación Ferrer Molina, Buenas noches y saludos cordiales (Córner, 2016). A Rosety nunca llegué a conocerlo. Hubo una época dorada de mi vida en que quise ser él; cuando era niño, cuando iba al colegio Campolongo con la carpeta forrada con un calvo bajito y un gordo gafotas.

Había algo que me parecía muy poético en la vida de Rosety. Tiene que ver con el gol, que no se grita o se narra: se canta, y a veces a la manera de Machado, que cantaba lo que se perdía.

A los nueve años empecé a cantar los goles yo también delante de la Sanyo, los sigo cantando ahora cuando juego a la Play. Regreso de esa forma a los días de entonces. A la conexión de la emisora con el Bernabéu cuando marcaba el Madrid, las décimas de silencio que Rosety y yo compartíamos mientras la grada estallaba en un alarido de incendio, vertical, formidable. En medio de 100.000 personas gritando, Gaspar Rosety y yo podíamos escucharnos hasta la respiración.

Paco García Caridad en Marca; 

Lo digo como primer titular: la radio hoy llora mucho. Se ha ido, se nos ha ido Gaspar Rosety. No ya una de las mejores voces de la historia de la radio, sino el mejor narrador de la mejor época de la radio deportiva española. El mejor, y punto. En todos los registros: información, potencia, claridad, fuerza, intensidad y emoción. Con decir que hizo escuela, es suficiente.

Ya no estaba en la Cope, a donde acompañó a García, José María, desde Antena 3 después de su primer infarto. Estaba en Radio Voz, emisora de La Voz de Galicia convertida en cadena nacional, cuando el día de la séptima Copa de Europa del Real Madrid, en mayo de 1998, la figura de Gaspar se puso de pie y abrió los brazos para extenderlos y gritar a los cuatro vientos del Amsterdam Arena y a todo el mundo el GOL de Mijatovic. No fue un gol cualquiera. Para la voz de Gaspy no había un gol cualquiera, ni un partido cualquiera. El sonido Menayo, su técnico hermano desde Antena 3 de Radio, la radio bien hecha, ponía los bártulos y los cables para que Rosety sonara como Dios manda: perfecto.

Periodista, hermano de Patricia y Manolo, periodistas. Tío de Ricardo, periodista, golpeados de mala manera este año pasado, pasó de su Gijón, cómo triunfan los asturianos en la radio deportiva, a Madrid en la Inter. La voz del 'colorado', así le llamaban en la emisora de la calle Modesto Lafuente, era inconfundible. García lo fichó como primer narrador para la naciente Antena 3 en 1982. Hizo su primer mundial, el de España y no paró de narrar. Y enseñar cómo se relata un partido. Lo saben quienes ahora dicen 'el pico del área' porque lo inventó él. El cantó como nadie las maravillas de Butragueño y su quinta.

Coincidí en muchos partidos en Antena 3, con el inalámbrico. Aprendiendo en Las Palmas cuando venía a los grandes partidos. En 1983 el Athletic de Bilbao se proclamó campeón en el viejo Estadio Insular bajo la voz de Gaspar. Fue una de sus mejores tardes.

Colaboró con MARCA durante varios años. Los últimos los dedicó al Real Madrid y a organizar la comunicación en radio de la Federación Española de Fútbol y a enseñar en la Universidad Europea de Madrid. Este jueves, un fatal golpe en la cabeza, dejó a Gaspy casi sin vida. Esta madrugada no pudo luchar más. Adela estuvo ahí, con las chicas y Manolo manteniendo la esperanza y todo el amor.

Fue un tuit de Manolo, retuiteado por Ricardo, otro de sus grandes alumnos, quien anunció el palo. Descanse en paz Gaspar Rosety, un maestro. Hoy la radio llora. Radio Marca suena hoy en su memoria.

Dani Blanco en Libertad Digital; 

La radio era algo innegociable en mi infancia, también en la adolescencia. Los domingos de furor, de partidos reales pero que tenías que dibujar en tu imaginación. De goles cantados, de emociones excitantes. La radio era todo, aquellos domingos por la tarde. Y de ese transistor, además de la voz inconfundible de José María García, aparecía él, el mejor narrador que ha habido nunca. El encargado de transmitirte todo, desde el campo hasta el salón de tu casa. Mi referente a finales de los 80 y principios de los 90 era Gaspar Rosety.

Gaspar se ha ido este fin de semana y se ha ido para siempre. Su corazón, que le había dado ya varios disgustos, no funcionó más. Se complicó todo por una caída letal que le provocó un derrame cerebral unido a una parada cardiorespiratoria. Gaspar ingresó el viernes por la mañana en el 12 de octubre siendo carne de cañón. La madrugada del domingo se confirmó la peor de las noticias. Me queda de Gaspar Rosety todo. Me queda su voz, sus goles, su amabilidad en las dos veces que pude coincidir con él, su disponibilidad las tres veces que le llamé por teléfono para concertar una entrevista con el entonces presidente del Real Madrid Ramón Calderón. Él, como jefe de medios del club, era todo amabilidad.

Incluso me queda su llamada de teléfono, allá por verano de 1999. No la atendí yo, fue mi madre quien conversó con él. Gaspar llamó para agradecer un curriculum enviado por mi parte para trabajar con él en la redacción de deportes de Radio Voz. Fue amable, cariñoso. Tanto que se disculpó, con su tono rotundo, por no poder satisfacer mis deseos. "Estaría encantado de que Daniel trabajara con nosotros", le dijo a la Señora Pineda, muy atenta y perpleja al otro lado del hilo telefónico, “pero no puede ser. Estamos completos y ahora no estamos en proceso de selección. Es una lástima”. Luego Rosety me llamó personalmente y me repitió lo mismo, no sin cierto reparo en su voz. Gaspar era así. Si había algo que le fastidiaba en el mundo era no poder ayudar.

Luego supe que Radio Voz se moría. Sólo le quedaban un par de meses. El mismo Rosety emprendió en septiembre de aquel año una aventura en Onda Cero. No había opciones reales de contratación pero, más allá de eso, existía un deseo en él de no defraudar a un redactor aceptándole en el puesto, para luego tener que decirle que se iba a la calle. Todo bondad.

Y en este lunes me sale este artículo cuando tenía que hablar de algún aspecto de la jornada de Liga. Me lo van a perdonar, pero Gaspar era la Liga. Cómo no iba a ser aceptable escribir sobre Gaspar si por él me enganché a esto. Si todo lo que escuché de pequeño y de menos pequeño fue a él con su "Zaramagia" refiriéndose al Zaragoza en la Recopa de París, a él con su “Gardel, me vas a matar” cuando Esnaider marcó el primero de aquella final. Los gorgoritos narrando el gol, los potentes gritos hasta finales de los ochenta, los menos fuertes a mediados de la década de los 90, afectado ya por dos infartos que le habían avisado y muy seriamente.

Pienso ahora en García, en Javier Ares, en Angel González Ucelay, en Agustín Castellote, en Alfredo Martínez y en miles de contemporáneos de radio. Todos, me imagino, destrozados este fin de semana. No es para menos. A mí se me ha ido un referente. A ellos un compañero. A todos se nos ha ido Gaspar Rosety, en mayúsculas. Y en esta jornada perdonen el cambiar en estas líneas algo en especial de la Liga, por alguien muy especial.


Comentarios

  1. Efectivamente, José Mª Garcia, se retrata. Ahí, se puede ver "su propia miseria intelectual"....

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