Cuatro directores vascos en decadencia; el cine español a la deriva








Viernes y aprovechamos para repasar las últimas novedades del cine español. Nos centramos primero en Álex de la Iglesia, que regresa a la nochevieja televisiva, donde acertó con la ácida y negra Muertos de risa, para resucitar al divo Raphael en Mi gran noche.

Es una pena, pero el director vasco, tan abertzale en la juventud como políticamente correcto en la madurez-recuerden que hace unos días reprobó a Trueba-, nos dejó hace una década. De hecho, llevamos una década sin Álex de la Iglesia por dos razones; en su particular carrera no ha encontrado un productor afín, entre la cloaca de Andrés Vicente Gómez y la de Enrique Cerezo, y no ha conseguido tener un coguionista que ponga mesura en sus erráticos finales.

La carrera de Álex arrancó con la prometedora Acción mutante, se consolidó con la genial El día de la bestia, encalló con la ambiciosa Perdita Durango, pero resucitó con dos grandes obras; la infravalorada Muertos de risa y la redonda La Comunidad. Pero ahí Álex rompió con el polémico Andrés Vicente Gómez, hipotecó su casa e invirtió sus ahorros en 800 balas, film que estuvo a punto de costarle la carrera. Desde entonces apenas ha levantado cabeza; primero un telefilm de terror, luego la irregular Crimen ferpecto, más adelante la anglosajona Los crímenes de Oxford, luego la gris sitcom Pluton BRBnero y por último se divorció de su mujer y de su guionista para lanzar la excesiva Balada triste de trompeta.

Presumíamos que no podía cargarse una película con un final tan excesivo, pero no habíamos visto Las brujas de Zugarramurdi, en cuya primera media hora nos encontramos con el mejor De la Iglesia.
Ahora esperemos que Mi gran noche no nos decepcione tanto como Regresión, la última obra de Amenabar. Se nota que Alejandro no se ha repuesto del golpe que supuso hace seis años Ágora, por lo cual no anda con seguridad e intenta volver sin suerte a Tesis y Los otros. También intentó volver hace unos meses Juanma Bajo Ulloa, que tras vivir su particular infierno personal y su pulso vital entre el canalla y el autor, intentó hacer Airbag 2 con Rey Gitano, sin tanta suerte en la taquilla como la anterior.

Tampoco tuvo acierto en taquilla Ma Ma, el último film de Medem, otro director vasco del que llevamos muchos años sin saber nada. Tras sus films brillantes de los noventa, se quedó en la polémica de La pelota vasca, porque luego erró con Caótica Ana, intentó ganar obscenamente dinero con Habitación en Roma y sufrió la crisis en carne propia, ya que su penúltimo proyecto acabó en novela. Ahora ha vuelto sin sus peculiares pinceladas oníricas con una Penélope Cruz que no está en su mejor momento profesional. Al que ya no le preocupa su momento profesional es a Mariano Ozores, padre del "landismo", aprovechategui del destape, autor de infinidad de comedias de López-Vázquez y Lina Morgan y creador del tándem Pajares-Esteso. Sus casi cien comedias, casposas y machistas dirán algunas, merecían una recompensa que ha llegado; el Goya de honor. Enhorabuena.



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