Trencadís; el discreto botellón de Sandra Barneda








Pocos programas arrancarán con menos ritmo esta temporada que Trencadís, magazine que ayer estrenó La Fábrica de la tele en el canal autonómico catalán 8 TV. Este estreno supone el desembarco de Mediaset en la cadena de Godó, por lo cual el grupo italiano ha confiado en una de sus caras más representativas, Sandra Barneda, para hacerse cargo de este proyecto catalán-único mercado regional interesante comercialmente para Mediaset-.

Pero como decimos, el programa arrancó sin formato definido, recordando ligeramente al Abre los ojos y mira-que también produjo La Fábrica de la tele-. Ni siquiera el público de plató, escaso y frío, parecía querer contemplar como un sinfín de colaboradores que se sentaron cual botellón en las faldas de la mesa de Barneda-Santi Villas, Maribel Sanz, Álex Casademunt, Lucrecia o Ares Teixidó-

A este ramillete heterogéneo de tertulianos se le sumaron Miquel Serra y dos reporteras más, apostadas cual España directo en distintos puntos de Catalunya. Pero el formato que le iba a hacer "un selfie a la sociedad catalana" pareció más un gazpacho añejo, más propio del telemorbo de las privadas en el cambio de siglo.

Porque Trencadís se detuvo durante más de una hora en Carla, antes Carles, un transexual de 67 discriminado por su familia y amigos. Una reportera siguió sus pasos y vio como Carla salía en picardías a la calle, imagen imborrable ya de nuestra mente. Luego Carla entró en plató en un coche antiguo y contó su triste testimonio-"no me hablan ni mi familia ni mis amigos"-, que ayudaron a deprimir una música del Titanic, un realizador que enfocaba las caras de pena de los colaboradores y los topicazos que soltó Álex el de OT.

Pero el público del plató seguía frío, como esperando resignados el bocadillo de choped de la merienda, por lo cual Barneda se acercó a la grada y preguntó al personal por el tema. Y ya saben, si no tienes preparado algún experto o similares, te la juegas. Y se la jugó y una señora le soltó que entendía que fuera "homosexual", algo que Barneda negó, añadiendo que en realidad Carla era "transexual".

Luego metieron un vídeo de un reportaje con Carla comprando ropa con música de Pretty Woman, un colaborador al que soy incapaz de reconocer se reconoció a punto de llorar y volvieron a poner música de emoción, mientras el plató seguía frío cual témpano, por lo que dudamos de que Trencadís se emitiera desde Barcelona, ya que la silente grada podrían haber sido ciudadanos rumanos incapaces de zambullirse en el show por su complicación para entender el idioma.

Tras hora y pico de testimonio, Barneda despidió a Carla, a la que invitó hacerse un selfie-término con el que Cornejo cree que va a colar este show de pescado congelado-, y dieron paso a un vídeo de una señora que se quejaba de que tenía que cerrar las persianas por la noche, ya que había luz que le molestaba desde lejos. ¡Toma castaña! Ya saben, las típicas quejas vecinales, absurdas o no, que fueron uno de los contenidos que Aquí hay tomate utilizó en sus comienzos.

Pero ahora no cuela, porque Trencadís se vendió como espina dorsal del canal catalán privado junto a dos clásicos catalanes del entretenimiento e información, Arús y Cuní, pero por ahora este programa está demasiado verde para ser considerado en cuenta. Barneda, a la que se le vio tan perdida como en Un tiempo nuevo, tiene mucho trabajo por delante si quiere que esta cosa, por no llamarla programa, remonte.



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