Cámbiame; un crimen contra la dignidad humana







Cámbiame llegó ayer a Telecinco prometiendo que conjugaba varios formatos a la vez. Está claro que la cadena ha apostado por un formato tan irrelevante como este para intentar tapar a la desesperada el hueco que dejó Arguiñano hace un lustro. Agujero que no pudieron cubrir ni con De buena ley ni con Robin Food. Y con Cámbiame dudamos que lo consigan, porque el formato es más viejo que el tebeo; cogen a un señor o señora con sus peores trapos y sin maquillar y en apenas media hora, con un poco de chapa y pintura y una ropa favorecedora, "le cambian la vida" o eso venden.

Es decir, el cuento de la Cenicienta. La ligera y desagradable novedad del formato radica en que pobres ciudadanos anónimos deben buscar mediante lástima en sesenta segundos ser elegidos, por lo que la gente lava los trapos sucios en su minuto de gloria. O sea, morbo barato mientras exprimen dramas, al igual que hacía Toñi Moreno en TVE. El resultado fue un éxito para el programa; lloraron tres de los cuatro primeros concursantes. Chapeau.

El sello de La Fábrica de la tele 

El formato, creado por Óscar Cornejo y un Adrián Madrid que prometía en la presentación que el formato era un "talent mental", es un nuevo proyecto de la casa, para cual han colocado a una Marta Torné que deja por un tiempo su papel de calentorra de la oficina para colocarse en un discreto segundo plano. Y es que las estrellas del programa son los jueces; la excesiva Cristina Rodríguez, Natalia Ferviú y Pelayo Díaz, un pájaro de cuidado que según El Mundo acaba de dar el braguetazo del siglo con su nuevo novio.

El sello de La Fábrica de la tele se encuentra sin duda en este programa. Y ya rozan los treinta formatos estrenados en doce años de trabajo con Telecinco, en los que han predominado los que contaban con famosos. Cámbiame es un formato sencillo y muy parecido a otros formatos, que es un recurso que utiliza la productora desde que se fundó-Sálvame/Punto Pelota, La Noria/El Gato al agua, Aquí hay tomate/¡Qué me dices!, Viajando con Chester/Salvados, Belén responde/Tengo una pregunta para usted-.

Pero es cierto que Cámbiame es más desagradable que otros formatos de Telecinco, ya que en Sálvame vemos a juguetes rotos vender el olor de sus sábanas para pagar la hipoteca, en Mujeres y hombres y viceversa a adolescentes descarriados en busca de la gira por las discotecas más cutres, o en De buena ley eran directamente actores. Pero aquí no. Aquí se juega con pobres ciudadanos anónimos, al igual que se hizo durante años en El diario de Patricia, quizás la mayor basura de nuestra televisión reciente.

El drama vende

"No se utiliza a la gente para hacer espectáculo, sino que se les ayuda a cambiar sus vidas", decía Marta Torné, la chica de moda de la productora desde que Carmen Alcayde fue defenestrada por su escasa química con Jorge Javier Vázquez y por su lluvia de fracasos-Las gafas de Angelino, Guypaut, Las bodas de Sálvame, etc.-.

Pero sí que se utiliza a la gente, por eso ayer lloraron tres de los cuatro concursantes de Cámbiame, programa que hace un pack perfecto de superficialidad y frivolidad en los mediodías de la cadena junto a Emma García y sus tronistas. Al menos en Cámbiame los directores nos han ahorrado la ordinariez y falta de sensibilidad de Cristina Tárrega, que alguna vez ha experimentado con formatos similares. No es consciente esta chusma el profundo daño que le hace a la juventud un programa como este.

Los primeros casos

Lo poco que se salvó del estreno fue la canción de Soraya, porque lo demás fue directamente agotador. Primero salió una chica de veintiún años diciendo que estaba traumatizada por su físico, por lo cual la sociedad la rechazaba. Cristina Rodríguez, supuestamente espontánea, le pintó los labios y le colocó una chaqueta y lista. Luego apareció un chico andaluz de 25 que dijo que no tenía un duro y se echó un baile. Siguiente.

La tercera fue una chica negra que dice que le miraban por la calle de manera negativa porque tiene una imperceptible cicatriz en la cara. Tampoco coló. Y la cuarta y elegida fue Joana, una prejubilada de sesenta años que había sufrido un ictus, que tenía el cuajo de afirmar delante de la cámara que la habían confundido con una prostituta, que sabía llorar, que estaba con problemas económicos y que tenía una hija dispuesta a llorar mucho en la tele. Un caso perfecto.

Había que machacarla 

No le bastaba a Cámbiame con preguntarle a Joana por sus problemas; también había que humillarla. Y una reportera se fue por las calles con su foto buscando ésto. Y claro, la chusma expresó que le hacía falta una cirugía, que tenía arrugas en los ojos, que vestía mal, que la vida le había tratado mal y que parecía que tenía peluca. Todo esto se lo enseñó Cristina para que se derrumbase definitivamente, y poco después lo consiguieron. El único consuelo que nos queda es que a Mediaset no le suelen funcionar este tipo de formatos autoconclusivos-Me gustas tú o De buena ley-. A sus seguidores les gustan los culebrones largos, tipo Sálvame o Gran Hermano. El éxito por la gota malaya.

Final feliz 

Joana salió al final del programa con una ropa VIP, que viendo la pobre factura del programa se la harían devolver, sonó una música, su hija lloró seis veces, ella cuatro y le pusieron un vídeo de su anciana madre, porque todo vale en este tipo de circos. "Tenías clase pero no lo sabías", le soltó Cristina, mientras que Torné, coja sin guión, le preguntaba si se reconocía en el espejo. Hombre, el cambio no fue para tanto. Cámbiame es sin duda un capítulo más del camino de Mediaset hacia las obscenidad total. Pero claro, la gente no es tonta y las redes sociales le machacan por manipular y por buscar la lágrima a toda costa, como hicieron con Levántate, que se quedó a años luz de los resultados de Pequeños gigantes y La Voz.



Comentarios

  1. Ahora que nadie nos lee… y lo sabes mejor que nadie… el sobre que te Antonia tres media… es jugoso¡¡…. ¿verdad?

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