Alfombra de papel; cuatro años mediáticos con Rajoy en el poder







Mucho han dado que hablar los cuatro años del marianismo mediático. Y es que al gallego, eterno perdedor, le ha tocado gestionar una situación muy convulsa en nuestro país, hecho que ha repercutido en su contra durante toda su primera y ¿única? legislatura. El dedazo de Aznar se hizo bueno a posteriori con su mayoría absoluta, precedida de casi todo el poder autonómico y municipal.

La llegada 

Y llegó Mariano con todos los medios a sus pies, sumidos en números de quiebra al intentar expandirse  años antes como gitantes multimedias, a los que la crisis les pilló en medio del río crediticio. Con los editores, que tanto y tan mal habían invertido, a sus pies, Mariano no ha sabido diseñar una política mediática ventajosa para sus intereses. Demasiada obscenidad.

La tele pública 

Rajoy mantuvo el gran error de Zapatero y no subsanó la quita de publicidad en la pública, hecho que sume a la Corporación en un periodo inestable. En RTVE es cierto que no se incorporaron a primera hora los "buruagas" y "urdacis", tal y como se anunció, pero también es cierto que se impusieron listas negras que hicieron salir o quedarse aparcados a los nombres más brillantes del zapaterismo-Ana Pastor, Fran Llorente, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido o Javier Gallego-. En TVE se impuso la llegada o promoción de hombres de perfil bajo, como María Casado, Marta Jaumeandreu, Manolo HH o Julio Somoano, que enterró los Telediarios, teniendo como compinches al gris Echenique o a Nacho Corrales, que se empecinó con los musicales y dejó escapar parte de la mejor ficción. Este panorama dejó con tres palmos de narices a Jenaro Castro, que le abría a Mariano el coche en el Pirulí cuando opostitaba. Castro se conformó con el cada vez más marginal Informe Semanal, cuando ambicionaba más. Es cierto que a última hora en RTVE se ha propiciado un volantazo hacia Génova con la vuelta de José Antonio Sánchez, "el enterrador de Telemadrid", que se ha traído bajo el brazo a un José Ramón Diez que ha impulsado un viaje al pasado, Buruaga, ¡cómo no!, y a Gundín, hasta hace unos meses jefe de opinión del diario más genovita, La Razón.

El palo y la zanahoria a las privadas 

El duopolio televisivo se ha asentado bajo el Gobierno de Rajoy, facturando casi el 90% de la publicidad con poco más del 50% de audiencia-solo dejando espacio a las irrelevantes temáticas con sello yankee y a la minoritaria 13 TV-. Con las privadas ha habido evidente tensión, con quita y entrega de canales, amenaza de retorno de la publicidad a TVE y las multas de la CNMC como medio para conocer la relación día a día del presidente con las privadas. Las privadas han reaccionado de manera diferente en la legislatura marianil; en el caso de Mediaset, Vasile ha sacrificado programas y comunicadores-El gran debate, Te vas a enterar o Jesús Cintora- con la intención de aprovecharse del divorcio en público de Rajoy y el que se presumía empresario más afín, Lara, que se negó hasta su muerte a cambiar un ápice la línea editorial de la Sexta.

Alfombra de papel 

Es cierto que Rajoy no ha tenido una etapa placentera en televisión o radio, pero en el férreo control del papel se le puede poner nota. Bajo su mandato, se han producido siniestros cambios de director-en El Mundo, La Vanguardia o El País-, que han acabado con una cuadra de compinches sentados en la silla de director. Esta alfombra de papel le ha servido al Gobierno para dosificar interesadas exclusivas, como es el caso del derribo del proceso soberanista vía Pujol. Las relaciones entre poder político y editores, gestionada de primera mano por la vicepresidenta, han servido para que el histórico El País haya rebajado el nivel de crítica a un PP chapoteando entre escándalos, con excepción de algún dardo suelto a Aznar, enemigo común de Mariano y Cebrián.

Fuego amigo 

Pedro J. Ramírez y Mariano Rajoy se creyeron durante un instante que tenían el país en sus manos. El primero, consciente de la debilidad de las instituciones por la crisis y el descrédito de éstas, intentó derribar de su sillón presidencial a Mariano, que gozaba del poder omnipotente, pero éste se rebeló y vengó de la mano de sus amigos del Ibex, que asfixiaron publicitariamente al Ciudadano Kane cañí.
Visto con perspectiva, Rajoy se ha ido vengando uno a uno de sus compinches mediáticos en la oposición; lo ha hecho con Ramírez, que le tuteló en la primera legislatura de Zapatero a manos de la paranoica investigación sobre el 11-M, hasta que el riojano se cansó del gallego y le intentó derribar en el Congreso de Valencia, a la vez que lo hacía Losantos, despedido de Cope con la complicidad de Mariano. En la segunda legislatura de Zapatero, con ambos comunicadores promocionando UPyD, Rajoy se acercó a Intereconomía, pero ya en el poder, el presidente se ha negado a tirar un bote salvavidas a Ariza, que se presumía que iba a ser el "Roures" de Mariano. El empresario del grupo del toro ha pagado sus juegos a dos barajas, ya que impulsó a rivales políticos como Libertas o Sociedad Civil y Democracia, que contaban con tertulianos de El Gato al agua, Miguel Durán o Mario Conde, como candidatos. Ramírez, Losantos y Ariza se han visto perjudicados por la furia de Rajoy, algo que ni siquiera ha sufrido Roures, que se ha mantenido como proveedor de la Sexta o ha renovado acuerdos con cadenas controladas por Génova, como pueden ser TVE o Telemadrid.

Panorama

Es cierto que en estos cuatro años se han destruido centenares de puestos de trabajo y se han cerrado decenas de medios, pero el nacimiento de una innumerable cantidad de medios libres, auspiciados en su mayoría por ex miembros de la redacción de Público, ha traído un panorama esperanzador, ya que han llegado webs o revistas críticas que no dependen de licencias, subvenciones o publicidad institucional. Y ni siquiera, casi, de publicidad convencional, ya que la llegada de internet ha conllevado la caída del poder como guardabarreras entre lector y periodista libre.

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