Vida y milagros de Toño Sanchís; un millonario en la corte de San Blas







El mediocre cantante y avispado representante Toño Sanchís, ha sido señalado como autor de una trampa promovida contra la periodista Pepa Jiménez, tal y como cuenta Vanitatis:

Pepa asegura a este medio que le tendieron una trampa, llevada a cabo por Alberto Gutiérrez y orquestada por Toño Sanchís. "Alberto se ofreció a investigar una serie de datos conmigo. Yo sabía que me estaban tendiendo una trampa. Esa conversación se troceó, se manipuló. Yo no iba a fastidiar a Belén Esteban ni nada parecido; no tengo esa fuerza. Y no dije, ni mucho menos, todo eso (que el hermano era un yonqui, etc.); Alberto es el que decía todo; yo solo asentía”, recalca.
"Además –añade– es una conversación privada en la que yo puedo decir lo que me de la gana, lo que no se puede permitir es que hagan eso, pero lo hacen porque quien preparó todo esto fue Toño Sanchís. Pero de eso no quiero hablar…".
Toño, chico listo, se está haciendo de oro a costa de Belén Esteban, juguete roto en decadencia. El supuesto cantante fue el promotor de la deriva televisiva de la de San Blas, que abandonó el cómodo sofá de Ana Rosa para "ganar dinero de verdad" en el universo Sálvame, donde la Princesa del pueblo y Toño se han forrado gracias a las exhibiciones de Belén en los Deluxe, en los polígrafos, en ¡Más que baile! y en GH VIP. La paradoja es que Belén lo hacía cual Carmina. Es decir, compaginándolo con un pozo negro de autrodestrucción vital, nada que ver con Sanchís, que por Belén "ma-ta", cosa que no extraña, ya que su cercanía con la gallina de los huevos de oro de la cadena lo ha convertido en el auténtico escogido a la hora de enchufar a famosillos en programas o realities de la cadena. ¿Cuántos de ellos fueron fichados por Toño unas horas antes de enterarse de que entraban en un reality? La información es poder, y los contactos más. La cadena valora que Toño dirija la vida de una pobre chica hacia sus intereses, y por eso le premia soplándole famosos de saldo que incorporará en nómina para cualquier despropósito televisado, eso sí, quedándose el millonario representante con el 20% del montante del famoso a cambio de ir una mañana a firmar a Fuencarral. Ahí reside el gran negocio. Los intereses cuando son comunes son un negocio. La mercancía, aunque se sienta arropada y querida, es lo de menos...

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