El "artisteo" español se acobarda contra el poder político







Hace dos meses, Alberto San Juan denunciaba en Viajando con Chester que los productores cinematográficos y la Academia de Cine estaban promoviendo la despolitización del cine español. Y es que según el actor, los productores acusaban a los artistas más reivindicativos de la subida del IVA, ya que la derecha política, que esta era su venganza por su odio al cine español desde que se limpió la caspa del folletín de los sesenta por varios motivos-el "No a la guerra", las películas sobre la guerra civil en los ochenta y noventa o la campaña a favor de Zapatero-.

Es por ello que el cine español miró para otro lado con los escándalos políticos el sábado pasado y se presentó como un sector inofensivo que le ríe las gracias a la hiena Wert. O como un sector palmero y servil que le implora al PP que dejen de dañar a la cultura española con el tipo impositivo más alto de Europa, que no busca recaudar más, de hecho no lo hace, sino hundir nuestro patrimonio cultural. Esta es la gala que quería el PP; Dani Rovira haciendo el imbécil con chistes reciclados de El club de la comedia, los actores negándose cobardemente a solidarizarse con los trabajadores de RTVE o la Coca-Cola, y el cine español caminando hacia una deriva promovida por el Gobierno, que busca que el duopolio de la telebasura, Mediaset y Atresmedia, produzcan toda la mierda insípida posible, con el Mario Casas y el Hugo Silva de turno marcando musculitos, en obras vacías que encantarán a la adolescencia tanguil, pero que a los que amamos de verdad el cine español nos repugnan. El nivel de miseria de la Academia llegó a tal nivel que Carlos Areces no pudo entregar un premio porque se negó a firmar un contrato que le obligaba a repetir como un lorito el inofensivo guión perpetrado por la chusma que le escribe los chistes a Pablo Motos en su gincana infantiloide. 

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