"Bieito Rubido tiene mucha mierda" y otros apuntes de Leire Díez que no leerá Iker Jiménez

 





La derecha política, judicial y mediática vuelve a rugir. No es ninguna novedad. Ha ocurrido prácticamente cada vez que ha dejado de controlar los resortes principales del poder en España, fruto de una concepción patrimonial del Estado que identifica con demasiada frecuencia sus intereses con los del conjunto del país.

Con Felipe González existían motivos sobrados para la crítica. Los GAL, Filesa y otros escándalos erosionaron gravemente la credibilidad de su Gobierno. Pero junto a investigaciones legítimas también proliferaron operaciones políticas, campañas interesadas y exageraciones impulsadas por lo que entonces se conoció como el "sindicato del crimen". Muchos de quienes participaron en aquella ofensiva presentan hoy al expresidente socialista como un referente nacional frente al sanchismo.

Con José Luis Rodríguez Zapatero sucedió algo parecido. Había razones para cuestionar sus políticas, especialmente la gestión de la crisis financiera y los recortes aplicados a partir de 2010. Sin embargo, buena parte de la oposición política y mediática prefirió refugiarse en relatos apocalípticos. Se aseguró que España se encaminaba hacia una ruptura territorial tutelada por ETA, que el matrimonio igualitario destruiría la familia o que la ley antitabaco provocaría un desastre económico y turístico. Ninguna de aquellas profecías se cumplió.

Con Pedro Sánchez también existen motivos para el desgaste político. Los casos que afectan a José Luis Ábalos, Santos Cerdán o las polémicas que rodean al PSOE constituyen asuntos de evidente relevancia pública. En cualquier democracia madura, la corrupción y las sospechas de corrupción deben ser investigadas y fiscalizadas sin contemplaciones.

Pero una cosa es fiscalizar al poder y otra muy distinta convertir cualquier indicio, filtración o agenda personal en una verdad revelada antes incluso de que los hechos sean contrastados.

El caso de Leire Díez resulta paradigmático. Durante semanas se han sucedido exclusivas, tertulias, editoriales y programas especiales alrededor de sus movimientos, conversaciones y documentos. Sin embargo, llama la atención la selección de los materiales que alcanzan la categoría de escándalo nacional y aquellos otros que quedan convenientemente olvidados.

Entre los apuntes atribuidos a sus anotaciones personales figuran referencias muy duras hacia algunos de los nombres más conocidos del ecosistema mediático conservador. Una de ellas, a la que ha tenido acceso La Mosca Mediática, sostiene literalmente que "Bieito Rubido tiene mucha mierda", en relación al director de El Debate e íntimo amigo de Alberto Núñez Feijóo, Florentino Pérez y Mariano Rajoy. 

La pregunta de fondo no afecta únicamente a Leire Díez. Tiene que ver con el funcionamiento de una parte del ecosistema mediático español. El mismo que durante años ha denunciado —a menudo con razón— algunos casos ligados al socialismo, pero que con frecuencia muestra mucho menos interés cuando los protagonistas pertenecen a espacios ideológicos afines.

Son esos autodenominados "periodistas independientes" y tertulianos de Iker Jiménez que se presentan como adalides de la verdad frente al poder cuando gobierna la izquierda, pero que reducen notablemente el volumen cuando los escándalos afectan al escandaloso entorno de Isabel Díaz Ayuso que vive en dos pisazos con olor a Quirón. 

La experiencia demuestra que los cambios de gobierno suelen alterar también las prioridades informativas. Quienes hoy presentan determinadas historias como el mayor escándalo de la democracia probablemente encontrarán mañana razones para minimizar comportamientos similares si los protagonistas son otros. 

El Gobierno se defiende ahora con RTVE y la nueva CNN Siete que va a fundar José Miguel Contreras con dinero ajeno, tras perder el control del grupo Prisa, tirarse los trastos a la cabeza con Mediaset, tenerlas de todos los colores con Atresmedia y sufrir el ejército de digitales radicados en Madrid que viven del dinero de la Comunidad mientras pregonan el liberalismo. 

Pero ahora es tarde: con una TDT de 25, ninguna radio porque han decidido poner a Juan Ramón Lucas a hacerse el plural en RNE, ningún gran diario aliado a excepción de elDiario.es, y El Plural para el trabajo sucio, el citado es un ejército mediático más digno de una formación nacionalista periférica que de la mitad de España que, a partir de septiembre, no contará con ningún gran medio progresista con simpatías hacia el Gobierno.



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