El País cumple 50 años en plena 'muerte' de la prensa online





Soplan 50 velas los compañeros de El País, que tras un fin de semana festivo en Matadero pueden celebrar que durante medio siglo han sido la referencia del periodismo español, lo cual dice cosas buenas del diario que puso en pie Jesús de Polanco y muchas malas de la prensa española.

Aquel diario que iba a ser el de Manuel Fraga se convirtió en el faro del centro-izquierda, con Javier Pradera como atinado editorialista de un periódico que ponía a España en hora con Europa, se plantaba ante el 23-F con heroísmo frente a la cobardía de la ciudadanía española, tal y como recuerda convenientemente Javier Cercas en el libro que acaba de publicar sobre la historia del periódico, empujaba a favor de las conquistas sociales durante 40 años, y dotaba de un relato a una España que desde hace décadas no tenía quién la escribiera.

El País, junto a La Vanguardia, ha sido el faro de una prensa española que en el ámbito conservador, cuyo abuelo era ABC (con Anson y sus negocios), y el padre era Pedrojota, del simpático amarillismo británico ochentero, a la trola del 11-M y su desquite final en El Mundo, ya sin aliados políticos, contando la verdad sobre un sistema en el que abrevaban el PSOE, el PP y la Casa Real.

Para manchar el éxito, Polanco y Cebrián cometieron gravísimos errores: convertir varias secciones del periódico en servicios de intereses a favor de PRISA; convertirse en el periódico más servil ante la corrupción de los Borbones; obviar el crimen de Estado y la corrupción de Felipe González; mirar para otro lado con Jordi Pujol; y, ya solamente Cebrián, convertir a El País en rehén de la derecha con Mariano Rajoy, quien tenía el poder para evitar la quiebra de un grupo pésimamente gestionado por el fundador de El País su elefantiásico ego.

El cumpleaños del periódico llega como cuando el nieto nace al mismo tiempo que muere el abuelo, ya que la prensa escrita lleva varios meses desnortada tras recibir una cornada de nombre IA, que, según dice Pedro J. Ramírez en un audio robado que circula por todos los WhatsApps de la prensa madrileña, y en el único robado que no deja mal al riojano, está muerto tal y como lo conocíamos.

Durante 25 años, la prensa ha dejado que dos mastodontes predadores, Google o Facebook, hagan de intermediarios y se lleven el botín, abocando a los periódicos a una febril guerra de toneladas de lectores con mucho amarillismo, que obligaba el algoritmo, palabra que incorporamos con desagrado a nuestro vocabulario, junto con SEO, que era el supuesto anzuelo con el que conseguíamos tráfico.

Este modelo de negocio, que era rentable en precarios modelos periodísticos, ha volado por los aires sin que la ciudadanía eche una lagrimita, porque la mayoría de ellos/nosotros, analfabetos digitales que desconocían quién les contaba qué, ahora nos llevan desde el navegador a la IA, más rápida y desvergonzada, ya que consume nuestro contenido de décadas para hacer un pienso en forma de texto. 

Algunos medios sobrevivirán por influencia. El IBEX 35 desconfía de no pagar a muchas cabeceras. Las administraciones públicas pagan a los medios afines (todas menos Emiliano García-Page, que financia desde Castilla-La Mancha a los medios más de derechas del tablero), y la izquierda ciudadana se ha acostumbrado a pagar para que el desequilibrio mediático que sufre España, donde la opinión pública está muy a la derecha de la pública-. Gracias a ello, hay cada día más abonados a El País, eldiario.es, El Salto, Carne Cruda o Canal Red.

Ahora nos dicen que aprendamos de IA, que hay que aportar más valor añadido, porque la prensa vuelve a sus orígenes decimonónicos, menos periodistas y solo leerán las élites, y todas las clases tendrán sus nichos, sean videojuegos o marihuana.

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