Carretera, manta y partido: Cintora resucita en Vigo




Tras tres años y medio tragando, Jesús Cintora volvía al fin anoche a hacer televisión. Durante este tiempo ha escrito artículos, libros, ha aceptado los encargos menores que le diseñaba Mediaset para tenerle callado tras haberlo echado de 'Las Mañanas de Cuatro' cuando era líder del mediodía ('En la caja' o 'La línea roja'), y ha participado durante varios meses como tertuliano de La Sexta ('Al rojo vivo', 'La Sexta Noche' o 'Liarla Pardo').

Pero anoche era la hora de Cintora y se estrenó con su camión-plató de 'Carretera y manta' en la Estación Marítima de Vigo, ciudad donde el socialpopulista Abel Caballero (51,8% del voto en 2015), ha tenido el cuajo de gastarse 850.000 euros en luces navideñas para pelear con Nueva York pese a gobernar una ciudad donde se supera el 17% del paro.

El programa anoche habló de "esclavitud" y "precariedad" con antiguos tertulianos del extinto programa de Cuatro: Antón Losada quiso dejar atrás la dictadura de lo políticamente correcto y habló de "trabajos de mierda" y Rubén Sánchez (Facua) explicó que la crisis es la cortina de humo utilizada por las grandes empresas para justificar los 'mierdajobs' que ofrecen.

Esclavitud

Hace años que no veíamos un espacio de actualidad en directo y en prime-time que no fuese una gala de reality-show ('GH' y derivados) o un debate-gallinero (véase 'La Noria' o 'La Sexta Noche'). Porque 'Carretera y manta' es un espacio de actualidad social, situación que recuerda a algunos programas que realizaba Iñaki Gabilondo en Televisión Española en los primeros noventa.

El programa contó con el testimonio de Esclavitud, no es broma, que explicó que cobra 790 euros mensuales por trabajar sobre el hielo para que las cigalas lleguen en su punto a las casas de los amigos de sus jefes. ¿Populismo? Por desgracia, realidad. ¿Errores en el estreno? Quizás faltó algo de colmillo político.

Pero aun así vimos al mejor Cintora, que contó con el desafortunado testimonio del presidente de los empresarios catalanes, Josep Bou, que pidió "esfuerzo" a los trabajadores para que las empresas tengan "competitividad". También tuvo el cuajo de explicar que sus trabajadores vivían muy bien porque les regalaba sortijas de oro y comilonas. Ya saben: propinas selectivas a los más dóciles, convertidos en perros del rebaño, para evitar consolidar la mejora de derechos laborales de sus 'ovejas'.

Bola, set y partido

Ningún ejemplo mejor que el de la economía colaborativa para hablar de explotación. El programa conectó con Madrid para seguir a los 'riders', terminología anglosajona supuestamente cool con la que intentan suavizar lo que es una puta vergüenza: que existen empresas que no pagan impuestos, no respetan los derechos laborales y se han follado sin ninguna resistencia dos siglos de conquistas sociales con el pasaporte colonial yankee.

Todo ello con la excusa de puertas al campo y la estética elegante que no tapa a la chusma política que permite esta porquería por su incapacidad de regular lo que es una colección de delitos: hoteles que no pagan licencia y favorecen la subida de los alquileres (y ayudan al 'coliving' del que habla El País de las tontaciones), taxis que no pagan impuestos, y repartidores obligados a ser falsos autónomos que se dejan la piel a cambio de una propina.

En definitiva, que se apilan toda suerte de fechorías que son puestas como modelo de una nueva economía en la que se sienten muy reconfortados esos gemeliers que dicen defender la bandera con su modelo americano, su jefe alemán, su cartera suiza, su xenofobia clasista y su siesta española. Recuerden: todos los días votamos con cada compra. Pese a vivir en tiempos de falta de concienciación, no votemos explotación.

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