Alfredo Relaño se olvida de Pepe Domingo Castaño










Alfredo Relaño recordó de forma magistral hace unos días en El País los inicios de 'Carrusel deportivo'. El director de AS recordó a sus animadores, pero se olvido de uno:


Uno de los 11 hijos que tuvo Juan Tribuna, célebre voz de Radio Sevilla, conserva la carta de Vicente Marco que recibió su padre cuando la puesta en marcha de Carrusel Deportivo. Fue hace estos días 65 años y refleja hasta qué punto están aún vigentes los principios con que nació aquel programa.
Tras la introducción de rigor, la carta decía: 
“En cada conexión que se te haga, debería comenzar invariablemente tu intervención con la fórmula: X MINUTOS DE JUEGO, EL RESULTADO ES EL SIGUIENTE…
A continuación, un brevísimo resumen de lo ocurrido, contando tan solo en él aquellos hechos que puedan haber tenido repercusión en la marcha del encuentro.
INMEDIATAMENTE rígido examen de lo que en el terreno de juego esté sucediendo, procurando devolver la conexión en cuanto el interés de lo que está sucediendo decaiga. Casi como si el micrófono te quemara en la mano, y perdona la expresión.

Tratamos de que las conexiones tengan el máximo contenido, sean jugosas y expresivas, que nos permitan en pocos minutos dar la vuelta a España, teniendo en nuestro poder constantemente la marcha de la totalidad de los encuentros”.
Era la primera semana de octubre de 1952 e iba a nacer el Carrusel Deportivo de la cadena SER, cuya importancia para el crecimiento de nuestro fútbol fue brutal.
La idea fue de Bobby Deglané, chileno, un genio de la radio. Manuel Aznar, jefe de programas de la SER (y padre de José María Aznar) le propuso un programa deportivo para la tarde del lunes. Deglané contraofertó: mejor el propio domingo, con conexiones en directo y muy pegado a la quiniela, que llevaba seis años de vida. Un desafío tecnológico bestial en la época. Pero la audacia de Bobby Deglané, la eficiencia del que designaron director, Vicente Marco, y la buena disposición de todos lo hizo posible.
Para el servicio de documentación de la SER, el día del estreno es el 5 de octubre de 1952, cuarta jornada de Liga. Esa es la primera vez que aparece en la hoja de programación de la cadena, con el nombre de Carrusell, escrito así, con ll. Para Wikipedia, el estreno es el domingo siguiente, quinta jornada de Liga. Esta segunda fecha, que algunos defienden, nace de la consideración del primer programa como algo experimental. En la parrilla aparece a las 18.30 y con duración de una hora. Los partidos empezaban a las 16.30 y acababan a las 18.15. Por tanto, no fue un programa en directo, sino un programa sobre la jornada justo al terminar esta. Un ensayo del sistema de conexiones".

Y añade Relaño: 
El del día 12, vencido el experimento del domingo anterior, ya fue un carrusel de acuerdo a la idea, heroica, con que fue concebido.
Aquel día 12 se jugaron estos partidos: Español, 2; Valencia, 1. Santander, 3; Atlético de Madrid, 3. Real Sociedad, 3; Oviedo, 2. Sevilla, 1; Atlético de Bilbao, 0. Gijón, 0; Barcelona, 0. Zaragoza, 0; Málaga, 2. Celta, 2; Coruña, 0 y Real Madrid, 3; Valladolid, 1. Total, 23 goles. Menciono a los equipos como se los conocía entonces. Estaban excluidos los nombres extranjeros, como Athletic, Rácing o Sporting, y al hoy Dépor se le conocía como Coruña. El primer gol cantado en Carrusel lo marcó el realista Epi en Atocha, a los dos minutos de empezada la tarde. Entonces sonaron por primera vez esos pitidos que anuncian el gol, que no son otra cosa que la palabra GOL en Morse: piii, piii, pi; piii, piii, piii; pi, piii, pi, pi.
El Español era el líder, con cinco victorias. En los descansos, Scopelli daba oxígeno a sus jugadores. Estuvo en cabeza mucho tiempo, pero la Liga la acabaría ganando el Barça de Kubala, que haría su segundo doblete consecutivo. Era el Barça de aquella delantera que cantó Serrat: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón.
El principio fue duro. Se tardó año y medio en cubrir todos los campos. En un delicioso pero ya raro libro escrito por el propio Vicente Marco con el título Historias del deporte, cuenta con gracia y detalle los problemas de aquellos primeros tiempos, en los que algunos corresponsales tenían que salir del campo tras cada gol o incidencia, ir al bar más próximo y desde allí, por un viejo teléfono de fichas, entrar en el programa.
Y hubo más pegas. Santiago Bernabéu se opuso a aquello. Es curioso, pero un hombre con gran visión de futuro en todo lo demás falló aquí en su pronóstico. Para él, esa fuga de información, el gol cantado en directo fuera del campo, perjudicaría la taquilla. Se le sumó el Atlético. Durante años, Pepe Bermejo, locutor estrella de la casa, ocupaba la terraza de un colegio mayor próximo, desde el que se veía todo el campo. De lejos, pero se veía. Así se apañaba.
Y remata: 
Pero el Bernabéu era más alto que las casas vecinas. ¿Qué hacer? El locutor, Julio Rodríguez, llevaba un micrófono inalámbrico oculto bajo un pañuelo de seda fuertemente anudado al cuello hiciera frío o calor. Le acompañaban ocho o diez tipos altos y fornidos, previa compra de un paquete de entradas. Colaban una antenita y tres baterías de automóvil, camufladas como mochilas de merienda y bebidas. Cambiaban de lugar cada domingo, por si habían levantado sospechas entre vecinos de localidad. Cuando quería intervenir, Julio Rodríguez hablaba como dirigiéndose enfáticamente a sus compañeros. La antenita mandaba su señal a una unidad móvil aparcada fuera, que la reexpedía a los estudios centrales. A Bernabéu, que tenía una radio en el palco, le llevaban los demonios y enviaba empleados a batir las gradas, pero era buscar una aguja en un pajar, Con el tiempo, lo dio por imposible. Y hasta admitió que era bueno.
Carrusel Deportivo dio un empujón al fútbol. Para muchos, entre los que me cuento, fue la primera forma de percibirlo, en aquellos tiempos aún sin televisión. Las familias se reunían en torno a la radio con la quiniela en la mano y pasaban una tarde de emoción, en la que según venían goles de unos u otros el número de aciertos en la quiniela subía o bajaba. En aquella España pobre, el sueño de un quinielazo era la ilusión nacional. Con Carrusel fuimos aprendiendo los niños de la época los nombres de los futbolistas, así como los de aquellos narradores, que aún resuenan en nuestra memoria: Antonio de Rojo (Bilbao), Langarita (Santander), Triave (La Coruña, que no era otro que Fernández Trigo, años más adelante gerente del Madrid), Verdú Belda (Elche), Enrique Fernández (Barcelona), Paco Ortiz (Zaragoza), Miguel Domínguez (Valencia), Fuentes Mora (Mallorca)… Y los imbatibles animadores publicitarios, Joaquín Prat, Juan de Toro…

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