El discreto encanto de Ángel Garó en siete momentos










El humorista linense se encuentra en el ojo del huracán por una denuncia que ha provocado que la prensa desempolve sus muertos en el armario. Ángel Garó (52 años) soñaba con dedicarse al mundo del artisteo y logró su sueño tras viajar a Madrid a estudiar becado a la prestigiosa Escuela de Cristina Rota, labor que compatibilizó con un trabajo de peluquero para pagarse los estudios. El mánager Sergio Dantí posó sus ojos sobre aquel joven que derrochaba energía, histrionismo y un humor alternativo muy llamativo. Con el representante bonaerense Garó alcanzar el estatus profesional destacando en el circuito cómico madrileño, saltando posteriormente a la televisión con una parodia de Lola Flores en el show '¿Pero esto qué es?'. Era viernes 7 de julio de 1989 y el cómico irrumpía con un llamativo traje negro, algunos kilos de más y algunos de sus personajes con los que saltaría a la fama.

Porque llegó Chicho, y Garó, reticente en un primer momento a salir por la caja tonta, aceptó el envite del productor, que le llevaría a la resurreción del 'Un, dos, tres': "Si veía a alguien que le gustara, lo fichaba. Así llegó Angel Garó, por ejemplo, al que descubrió en un local de la calle Segovia de Madrid y se convirtió en un fenómeno en 1991", comentaba el guionista Joaquín Oristrell en un reciente reportaje para 'Vanity Fair'. Y cierto es que Garó se convirtió en un fenómeno con chistes inconclusos, amaneradas adivinanzas y particulares sevillanas que representaba a través de personajes como Juan de la Cosa, Chikito Nakatone, Pepe Itárburi, Maruja Jarrón. Entre el 91 y el 93 el cómico besó la fama, abarrotó teatros con su espectáculo 'Personas humanas' y hasta entró en el Guinness de los Récords al darle voz a todos los personajes de la película 'FernGully: Las Aventuras de Zak y Crysta'. Pero poco duró el fenómeno por su incapacidad para evolucionar, su personalismo y su egocentrismo. Tras repasar su auge, ahora repasamos en siete momentos su caída profesional.

Uno 

Su fallido salto a las privadas le frenó su carrera. Garó firmó por Antena 3 en 1994 para protagonizar su propio show, 'Por ti sería capaz de matar', que ni siquiera se estrenó. Así explicó el proyecto inconcluso a 'El País': "Lo debería explicar Antena 3. Dijeron que era un programa demasiado avanzado. Hacía nueve personajes distintos y eran la base de un thriller en clave de humor, con unos trucajes que nada tenían que envidiar a cualquier película norteamericana (...) Los directivos de todas las cadenas saben qué es 'Por ti sería capaz de matar'. Pero en un país donde arrasa el fútbol, los problemas ajenos, los cánceres, el sida, el niño que se muere y sale la madre llorando, mi programa es una alternativa tan ambiciosa qué no es el momento". En 1995 fichó por Telecinco, donde presentó el concurso '¿Sí o no?', que se despidió con audiencias discretas. Cuando regresó a TVE lo hizo sin los galones de antaño para colaborar en 'El Semáforo', 'Noche de fiesta' o 'Humor se escribe con hache'...

Dos

Su primero escándalo donde se vio envuelto no lo protagonizó él, sino su hermano gemelo. Corría 1992 y Juan Antonio se pegó una gran semana gracias a su parecido físico en la localidad canaria de San Bartolomé de Tirajana: "Valiéndose de su parecido físico con el humorista, se había dado una vida de famoso. Así, almorzó y cenó varias veces a costa del Ayuntamiento de dicho municipio, y llegó a recibir ofertas millonarias de discotecas y restaurantes del sur de la isla. En un exceso de confianza, fue entrevistado para un programa local de TVE y por el periódico Canarias 7, de Las Palmas", señaló El País. Ángel Garó negó este hecho y se puso en contacto con el periódico tras la llegada de internet para que eliminasen la noticia de su hemeroteca, haciendo el periódico caso omiso a sus deseos.

Tres

Ayer Alexis Gauthier contó sus vivencias durante más de siete años a Garó, pero dos días antes Joana Morillas en 'Es Diario' ya había adelantado su versión: "Nos fuimos a vivir juntos a la casa que él tenía en Las Lomas. Como Ángel había acabado la relación profesional con su manager, me pidió que me encargara de ese tema. Ángel compró un edificio y la planta baja la dedicamos al restaurante. Constituimos una sociedad en la que él tenía un porcentaje del setenta y yo el treinta restante (...) Vivir con él era un estrés continuo porque es muy exigente consigo mismo y con los demás. Quiere controlarlo todo y no tiene paz. Y, claro, yo no he nacido para sufrir ni para ser un mártir. Me centré en el trabajo y quise creerme lo que su familia me explicaba. Ellos me decían que Ángel era muy normal y que estaba viendo fantasmas donde no existían. Pero no era así. Es una persona muy especial. A veces le sugería que viajáramos a Nueva York para ver los espectáculos que se hacían allí y así poder tomar ideas, pero siempre se negó porque a él nadie le aporta nada. Vive dentro de una burbuja".

Y añade: "Por nada Ángel armaba un escándalo. Chillaba y no se controlaba. Era yo quien tenía que recordarle que era una persona famosa y que ese tipo de comportamiento podía perjudicarle. La situación era muy violenta para mí. Sobre todo, cuando teníamos el restaurante lleno y se presentaba para perseguirme por todo el local con el único fin de armar bronca. Yo optaba por marcharme corriendo de allí para que los clientes no presenciaran semejante espectáculo". Cuando Alexis cortó "no se lo tomó nada bien. No entraba en su cabeza que alguien pudiera dejar a Ángel Garó. Se cree que es Dios".

Cuatro 

Estos momentos duros que relata Alexis se vislumbran en una carta al director redactada por Carmen Mendivil y publicada en 2005 también por 'El País': "El pasado domingo 24 de abril visitamos Málaga, y mi marido y yo decidimos ir a comer al restaurante La Casa del Ángel. Mi marido lleva muletas, consecuencia de una lesión de peroné, y al llegar al restaurante pedimos una mesa discreta para que pudiese apoyar la pierna en una silla sin molestar a nadie. Una vez instalados apareció Ángel Garó, el propietario, que dijo a mi marido que quitase la pierna de la silla inmediatamente. Le explicamos la situación y, ante nuestra sorpresa, nos insultó repetidas veces y a gritos exigió que saliésemos del local, amenazándonos con llamar a la policía. En ningún momento respondimos a sus insultos y solicitamos el libro de reclamaciones, lo que el señor Garó consideró una falta de respeto. Finalmente nos dieron el libro de reclamaciones y nos marchamos. Sinceramente, comportamientos como éste, con una persona que está incapacitada, pueden hacer que el recuerdo de Málaga sea una mala experiencia. Menos mal que el señor Garó y su restaurante no son representativos de la hospitalidad y trato que se da en Málaga a una persona discapacitada. Hay otros restaurantes de calidad y atento servicio donde, precisamente por nuestras circunstancias, nos atendieron con suma amabilidad y corrección".

Cinco 

Su relanzamiento profesional no salió como esperaba: Garó, que siempre había despreciado en público a la prensa rosa, se prestó a hablar sobre su vida privada en 'La noria' o 'DEC' tras concursar en la primera edición de '¡Mira quién baila!', gracias al cual colaboraría sin mucha suerte en otros shows de la pública: 'Ankawa', 'Sábado Noche' o el Especial de Nochevieja de 2006. Tras ver como su carrera televisiva no remontaba, rechazando la participación en algunos realities, volvió al teatro para poner en pie obras como 'En la línea de mis sueños' (2011), 'En esencia' (2013) y 'Uh!' (2015) tras haber participado en dos zarzuelas y en la obra 'Como te mueras te mato' (2009). Pero esas obras ya no abarrotaban los grandes teatros de antaño, teniendo que refugiarse en el sur mientras lo compatibilizaba con pregones o presentaciones como la de la Gala del Carnaval 2013 de Las Palmas.

Seis

En mayo de 2013 el diario Las Provincias informaba sobre sus andanzas: "Según consta en las diligencias policiales, Garó insultó y amenazó presuntamente a los agentes de la Policía Local que acudieron a un restaurante en el centro de Valencia para atender una reclamación vecinal. El reloj marcaba las tres y media de la madrugada cuando la sala del 092 recibió varias llamadas de ciudadanos. Estaban hartos de los ruidos que procedían del restaurante La Sardinería, situado en una planta baja de la calle Bordadores -junto a la Catedral de Valencia-, donde el humorista cenaba con su hermana y un grupo de amigos". El cómico se habría dirigido a los agentes a gritos de "os vais a enterar de quién soy yo", "no sabéis con quién os la estáis jugando", y "esto va a salir en todas las televisiones", tildando a los agentes de "sinvergüenzas". El cómico se explicaría a su manera: "Lo único que les dije es que eran empleados nuestros porque yo, y todas las personas que estábamos en la cena, pagamos su sueldo con los impuestos. Me pareció exagerado el despliegue policial. Vinieron veinte policías, por lo menos, y nos trataron como si fuéramos delincuentes. Es increíble. Parecía la noche de los cristales rotos. ¿Pero no tenían asuntos más graves en Valencia? Que vayan a por los traficantes de heroína. Era una cena de amigos que me estaban agasajando, y me jodieron la noche (...) Soy una persona muy discreta, pero me mandaron callar cuando defendía mis derechos ante un abuso de poder. Nunca había visto tantos policías por una reclamación vecinal". ¿Ángel o demonio?

Siete

En sus entrevistas se vislumbra que Garó sigue un patrón de manual. No volverá a ser entrevistado en 'El hormiguero', programa en el que enfadó a  Pablo Motos. El cómico ha demostrado en algunas entrevistas para cadenas locales andaluzas su verdadera personalidad, quedando en evidencia sus ínfulas, sus desprecios al corazón o al fútbol y sus contradicciones: lo mismo sacaba pecho por que su padre era camionero que señalaba que tiene 450 obras de arte (entre otros de Picasso y Dalí), es capaz de mostrarse orgulloso de ser de la Línea de la Concepción y llevarse su colección de obras de arte a Estepona por interés, llega a decir en 'El País' que es de izquierdas y en un periódico regional se declara monárquico, carga contra Podemos y se muestra clasista al señalar por Doña Letizia que para ser Reina hace falta algo más que amor. Tampoco se corta a la hora de declararse "guapo", de restregar que tiene un caché de 25.000 euros y de regodearse en su fama pese a que en los últimos años ha impartido marginales talleres de actuación para doce alumnos.

Pero también sorprenden otros temas: el mes pasado le reconocía a Toñi Moreno en Canal Sur que había encontrado el amor y El Mundo hace unos días negaba tener pareja, en algunas entrevistas ha repetido hasta la saciedad sus obras de caridad (que junto a su currículum utilizó de excusa para negar la agresión a Darío), en otras ha hecho una lectura interesada señalando que su personaje Juan de la Cosa tenía un punto reivindicativo hacia el mundo gay, y en otras ha roto a llorar sin lágrimas al recordar que dos minutos antes de entrar en uno de los programas del 'Un, dos, tres' le anunciaron que su madre se moría por cáncer y que él le pagó la operación tras subir las escaleras a Montserrat para pedir por ella. Ya no sabemos qué es verdad y en qué miente, pero está claro que estamos ante una persona de múltiples caras, tantas como los personajes que interpreta fuera y dentro de los escenarios.



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