El dilema navarro; semos diferentes

Castillo de Maya, último foco de resistencia navarra ante Castilla en 1512. 


Arranca el curso político con las elecciones autonómicas avecinándose por la esquina. Se avecina una ardua campaña electoral de nueve meses, como un embarazado, con candidatos "postureando", partidos jugando con la ambigüedad en el programa y el votante observando atónito el circo foral.

El problema de Navarra es que aquí no está polarizada la comunidad entre derechistas-izquierdistas o corruptos-regeneracionistas. Aquí está polarizada entre foralistas y abertzales.

UPN juega con esa baza, a lo Jordi Pujol, para decir que cualquiera que saque a relucir su eterna cleptocracia es un antinavarro. Craso error.
UPN ha demostrado su falta de altura de miras al ser incapaz de presionar contra la candidatura de Yolanda Barcina, nefasta sujeta, que si UPN fuera un partido decente estaría en casa o en una cala ibicenca con Pizarro.
La derecha hará piña en torno a la burgalesa, pese al hastío del electorado, los guiños en contra del influyente Diario de Navarra y el plan B anunciado por Juan Cruz Alli, que hablaba de las élites económicas preparándole "la cama" a Yolanda. Finalmente repetirá como candidata, ante la mirada de asco de Sanz y la mirada de sorpresa del personal.

Mayo se prevé con un Parlamento aun más italianizado. El PSN va camino de la hecatombe final, merecida tras traicionar por dos veces a sus bases. Bildu se postula como partido mayoritaro de la izquierda, pese a que muchos demócratas nos asquea el peligroso ascenso de los amigos de los pistoleros, pero aunque sea cierto, no pueden ser apestados de por vida.
No estará encabezando la formación abertzale Patxi Zabaleta, alto nivel intelectual, hechuras presidenciales y amargo final, con sus frecuentes visitas a la cárcel donde vive su hija-más duro es visitar a los familiares al cementerio, dirán algunos. Entiendo a los dos-.

Se espera también una leve subida de Izquierda Ezkerra y otra de Geroa Bai, ese producto del tradicionalmente residual PNV, travestido en progresista gracias a la careta amable de Uxue Barkos, que al menos dividirá al voto del nacionalismo vasco, con el apoyo del Noticias.
Nada se sabe de UPyD, que aboga por fulminar los fueros-no se entiende a esos señores foralistas  autodefinidos como navarros y españoles, cuando el foralismo es un anacronismo insolidario que produce peligrosos precedentes para la estabilidad del Estado, como ahora vemos en Catalunya-.

El enigma es sin duda Podemos. Al progresismo navarro le apetece Pablo Iglesias y sus chicos. El problema de muchos progresistas que nos sentimos navarros y españoles-pese a que esos términos los ha secuestrado la derecha o los haya dejado secuestrar la izquierda- son las dudas identitarias que nos provoca. Porque Podemos promete saludable regeneracionismo y articular un Gobierno progresista-tras dos legislaturas seguidas de mayorías de izquierdas, donde la derecha gobernó gracias a la complicidad electoralista del PSOE-. Y además fagocitará al PSN, cosa que está mejor que bien, tras dos décadas de ignominia socialista. Pero nada dice Podemos del encaje de nuestra Navarra en la actual España-¡maldita transitoria cuarta!-. Y es que Podemos no quiere definirse, con una calculada ambigüedad respecto al tema, por lo que no sabemos sus pasos a seguir en el futuro.

Estamos seguros que Podemos ayudará o intentará ayudar a desalojar a esa basura llamada UPN, pero nada sabemos de un pacto "estellés" para convertir a Navarra en la cuarta provincia vasca.
Navarra es sin duda uno de los temas más sensibles para Madrid, siempre temeroso de un gran Estado del norte, potente económicamente, con Navarra de eslabón fuerte para evitarlo.

Porque una cosa es que Podemos gobierne con Bildu, Izquierda-Ezkerra o Geroa Bai, o impulse nuevas políticas sociales, o amplíe la zona vascófona, o logre que se capte la ETB, y otra muy distinta es que deje hacer al abertzalismo su proyecto, con órganos comunes al inicio-tipo Alli- y con una consulta a medio plazo. Media un abismo.

El nacionalismo vasco, apadrinado por Arana, siempre excluyente, racista, chauvinista y a veces criminal, intenta desdibujar nuestro histórico reino, convirtiéndolo en una banda de parias al servicio de ese Euskadi, tan rico como falto de historia.

Los navarros progresistas que queremos mantener el encaje de Navarra en España-desde 1512,  "dentro" del país- tememos que esa Navarra se convierta en Euskal Herria. Pero también tememos que UPN-escudado por sus colegas del PP y PSOE-, se mantenga en el poder. Un partido tan deslegitimado y tan salpicado de corrupción debiera haber elegido una nueva cara. Al menos para emular la frase de El Gatopardo; "Qué algo cambie para que todo siga igual". Hubiese sido mejor para todos...














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