La hija adoptiva de Woody Allen denuncia en una carta los abusos sexuales del director cuando esta era niña



La carta comienza y acaba con una pregunta: “¿Cuál es su película favorita de Woody Allen?”. Dylan Farrow, hija adoptiva del director de cine y de la actriz Mia Farrow, ha roto su silencio. Con una carta en el diario The New York Times, dentro del blog del periodista Nicholas Kristof, la hija de Allen acusa a su padre de haber abusado de ella sexualmente cuando era una niña.

“Cuando tenía siete años, Woody Allen me tomó de la mano y me llevó a un oscuro desván en la segunda planta de nuestra casa. Me dijo que me tumbara boca abajo y que jugara con el tren eléctrico de mi hermano. Entonces abusó de mí sexualmente. Él me hablaba mientras lo hacía, susurrándome que era una buena chica, que ese era nuestro secreto y me prometía que iríamos a París y me convertiría en una estrella de cine”, relata Farrow.


El director neoyorquino ha rechazado este domingo las acusaciones y las ha calificado de “falsas y lamentables”. “El señor Allen ha leído el artículo y lo considera deshonesto y falso”, ha declarado su agente, Leslee Dart, a través de un comunicado al día siguiente de la acusación hecha por Dylan Farrow.



Siempre pensé que eso era lo que los padres hacían a sus hijas. Hasta el incidente del ático con el tren

Sin rastro de morbo, con un estilo directo, sencillo pero muy impactante para el lector, la hija de la Allen, que hoy tiene 28 años, expone su caso (el año pasado ya lo hizo en Vanity Fair), después de que su hermano Ronan Allen (único hijo biológico de la pareja Allen-Farrow, aunque esta última ha insinuado a veces que podría ser hijo de Frank Sinatra y no del director de cine; su propio vástago se ha reído de la ocurrencia) criticara la concesión de un galardón al artista durante la pasada edición de los Globos de Oro.

Dylan Farrow pregunta ahora a la actriz Cate Blanchett o al actor Alec Baldwin –protagonistas del último filme del director neoyorquino- qué pasaría si el abusado hubiera sido uno de sus hijos. “¿Y si hubieses sido tú, Emma Stone? ¿O tú, Scarlett Johansson?”, cuestiona a otras estrellas que han trabajado con el director. “Diane Keaton, tú me conociste cuando yo era una niña. ¿Me has olvidado?”.

El episodio del desván con el tren –cuando Farrow contaba siete años- supuso un punto de ruptura para la entonces niña, que decidió dejar de guardar silencio. “No recuerdo cuántas veces me llevaba lejos de mi madre –que de haberlo sabido lo hubiera parado inmediatamente-, hermanos y amigos para estar sola con él”, prosigue en su carta Farrow. “No me gustaba cuando metía su dedo pulgar en mi boca. No me gustaba tener que ir a la cama con él bajo las sábanas cuando estaba en ropa interior. No me gustaba que pusiera su cabeza sobre mi regazo desnudo e inhalara y exhalara”, confiesa la joven, que dice que se encerraba en el baño para evitar estas situaciones pero que el cineasta siempre la encontraba.

“A día de hoy me resulta muy difícil contemplar un tren de juguete”, comparte Farrow, hoy casada y con su vida rehecha, a pesar de que reconoce que vivió etapas muy duras, sufriendo desórdenes alimenticios y llegando a dañarse físicamente haciéndose cortes. Los supuestos abusos sexuales estuvieron en el centro de la tormentosa separación de Allen y Farrow en 1993, que ocupó portadas de periódicos y tabloides, aunque la actriz nunca llegó a presentar cargos contra el cineasta a pesar de que, como explica Dylan Farrow en su misiva, un juez de Connecticut creyó que había elementos suficientes para perseguir el caso. Woody Allen siempre ha negado los hechos. Ni la investigación policial ni la médica encontraron base para sustentar las acusaciones, como apunta Robert B. Weide, director del documental para la PBS Woody Allen: a documentary, que en un artículo en The Daily Beast desmonta paso a paso las acusaciones.

La carta abierta de Farrow se ha publicado en la edición digital del diario The New York Times dentro del blog de Kristof, un periodista comprometido con la causa contra los abusos sexuales a menores y la trata de personas. Kristof explica las razones que le han llevado a dar voz a Dylan Farrow pero matiza que Allen tiene derecho a la presunción de inocencia y que ninguna instancia judicial le ha encausado nunca.

En este sentido, la joven Farrow reprocha a Hollywood que siempre “le fuera más sencillo aceptar la ambigüedad” sobre lo que había pasado, cuestionar su verdad e incluso acusar a su madre de fabricar toda la historia para dañar a su exmarido. En opinion de Farrow, todo el mundo miró hacia otro lado mientras ella no podía ocultar su pánico cada vez que veía la cara de Allen, ya fuera “en un póster, en una camiseta o en la television”.

“Entonces tenía que encontrar un sitio para estar sola y me derrumbaba”. La sociedad sucumbió al poder de una persona famosa, dice. “Había expertos dispuestos a atacar mi credibilidad. Había médicos dispuestos a hacer enloquecer con engaños a una niña maltratada”, lamenta la joven, que teme que su silencio pudo haber hecho que Allen pudiera haber abusado de otras niñas.

La última película del director de Manhattan, Blue Jasmine, está nominada a tres oscars, incluido el de mejor guion original, obra de Allen. “Woody Allen es la prueba viviente de la manera en la que nuestra sociedad falla a los supervivientes de abusos y asaltos sexuales”, finaliza Farrow.
Vía; EP

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